Novilladas sin relieves
Lo mejor de la tarde lo hizo Roberto Martín, Jarocho. A su primer novillo le dio tres tandas de naturales muy templados y ligados, aunque mejor estuvo a la hora de templar. Las dos tandas de derechazos fueron buenas, pero sin el temple de los naturales. En su segundo, un novillo complicado, complejo, con un pitón derecho que era un puñal, la faena la tejió a base de derechazos largos, algo tropezados, y así, hasta cuatro tandas. No ligó demasiado los pases. Sin embargo, como el animal tenía fuerza y sentido, la faena del muchacho cobró la importancia que se merecía.
El novillero Serafín Marín, pese a que figura con un buen montón de novilladas hasta el día de ayer, no acreditó suficientes garantías de torero hecho. Cierto que con el capote dejó buen sabor, porque torea con las manos bajas. Sin embargo, sus dos faenas estuvieron realizadas con pases que eran trapazos en muchas ocasiones y en otras iban demasiado rápido. Aun apuntándole algunos derechazos con un cierto empaque, en general la suma de pases era demasiado larga, hasta el punto de que no emocionaba ni enganchaba al público.
Cebada / Jarocho, Marín, González
Novillos de Cebada Gago: 1º, 2º y 5º, encastados, pero con poca fuerza; 4º, complicado, y 6º, inválido. Roberto Martín Jarocho: vuelta; petición y vuelta. Serafín Marín: silencio en ambos. Juan Andrés González: petición y vuelta; aplausos. Plaza Illumbe, 16 de febrero. 2ª novillada del V Encuentro Mundial de Novilleros. Menos de media entrada.
El tercero de la terna, Juan Andrés González, no dejó buen sabor de boca, ya que la faena de su primer toro estuvo fabricada con tandas bastante vulgares. De vez en cuando salía algún natural bueno, otro malo y, en general, sin demasiado relieve. Para colmo, el último novillo, que no tenía fuerza, estuvo demasiado premioso. Le dio al animal demasiados pases, y eso que el público percibía que el torero estaba ante un animal sin fuerza. Alguien dijo una frase un poco confusa, pero que hizo gracia: '¡No tienes desconfiómetro!'. Nadie supo a qué se refería, aunque intuíamos que la pesantez de torear a un mueble daba razón a la frase gritada desde el público.
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