Un viaje por la aventura visual

El Macba organiza actividades para niños en las que aprenden a desarrollar su capacidad crítica

Genís, de ocho años, algunos fines de semana va a una casa donde ve caballos desde su ventana. Este domingo el camino lo emprende hacia otra parte. Él y su hermano Àngel, de seis años, van al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) para efectuar un viaje en el que, por 100 pesetas, vivirán todo tipo de aventuras visuales. Las compartirán con otros tres niños: Elizabeth, David y Alejandra. Encabeza la expedición Silvia Campo, monitora del taller La ventana abierta, organizado por el museo todos los domingos para niños de entre 6 y 12 años dentro del ciclo de actividades Nadal als museus, en el que participan muchos otros centros de la ciudad. Ella les acompañará en el recorrido, con el que entrarán en contacto con el paisaje de la pintura y el espacio del arte contemporáneo. También descubrirán un poco quiénes son y qué les gusta.

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Según algunos expertos, el aprendizaje de actividades artísticas a edades tempranas, además de aumentar la capacidad crítica, desarrolla la personalidad y ayuda a liberar tensiones. El profesor del departamento de Didáctica de la Educación Plástica de la Universidad de Barcelona, Antoni Mercader, lo explica: 'Acercarse al arte puede proporcionar una visión y una idea del mundo distinta de la que nos rodea y de nosotros mismos. La práctica del arte y la aproximación a la cultura artística ayuda a ejercitarse en la producción de sentido, potencia la intuición y desarrolla la expresión de las emociones, lo cual puede servir para catalizar una personalidad sensible y rica'.

El taller va a comenzar. Los niños se sientan en el suelo al lado de una escultura blanca de George Segal que representa un hombre fantasmal de tamaño real con los rasgos borrados por el yeso. A uno de los niños le da la risa, otro mira la obra con los ojos redondos y cargados de preguntas. 'Aquí tenéis vuestro cuaderno de viaje, en él apuntaremos lo que vayamos viendo y pintaremos nuestras sensaciones, y cuando salgáis del museo podréis mirar en él vuestros recuerdos', les dice la monitora mientras les da a cada uno un librito que tiene las páginas blancas. Los pequeños comienzan el recorrido por el museo. Se sientan frente a varias obras de la exposición y realizan distintas actividades en las que se les incita a desarrollar sus facultades plásticas. Inclinados sobre su trabajo con atención y carácter, recortan, pegan pintan y algunos no dejan ni un pedacito de página sin cubrir.

A continuación, frente a una obra del pintor del expresionismo abstracto estadounidense Robert Motherwell, analizan las emociones que se desprenden de un cuadro y descubren que hay colores que les hacen sentir alegría y otros tristeza. 'El artista estaba triste cuando pintó este cuadro', corrobora Alejandra frente a un cuadro efectivamente sombrío del artista.

El último ejercicio consiste en imaginar que ellos mismos son una estatua. La monitora toma una foto de cada una de estas obras vivientes de menos de un metro y medio y ellos las pegan en la primera página. El cuaderno ya está totalmente personalizado. El viaje de dos horas ha terminado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de diciembre de 2001.

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