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El estallido social en Argentina obliga a dimitir al presidente De la Rúa

Un peronista asume el poder tras la revuelta que ha causado más de 20 muertos

De la Rúa, que responsabilizó implícitamente al justicialismo de los desmanes y protestas que hasta anoche habían causado 21 muertos en Buenos Aires, Santa Fe, Rosario y Córdoba, pidió a los argentinos que abandonen las manifestaciones. A los que le reclamaban la dimisión, dada su debilidad y el fracaso del programa encargado al superministro Cavallo, De la Rúa les había asegurado que no estaba 'aferrado a su cargo', aunque dijo que mantendría la obligación de cumplir con 'el deber de gobernar'.

Los justicialistas, divididos en facciones rivales, dieron una respuesta negativa al ofrecimiento de integrarse en el Gabinete. De la Rúa les había ofrecido introducir cambios políticos y económicos si aceptaban su propuesta, pero el peronismo prefirió forzar la crisis. En ausencia de vicepresidente tras la dimisión, hace meses, de Carlos Álvarez, el presidente del Senado, Ramón Puerta, debe asumir la presidencia.

La quiebra virtual de la economía y las medidas de austeridad, que incluían recortes de todo tipo, como los salarios de los funcionarios y el retraso en el pago de las pensiones, sirvieron de detonante de la crisis. Los presupuestos de De la Rúa preveían un mayor ajuste del gasto público, condición que exige el Fondo Monetario Internacional para reanudar la ayuda financiera a Argentina.

Mientras el presidente hablaba desde la Casa de Gobierno, cientos de personas se manifestaban en plena plaza de Mayo. Los grupos que protestaban lanzaron piedras a la policía, que empleó gas lacrimógeno para disolver las concentraciones. La violencia de los enfrentamientos costó la vida a cinco manifestantes. El Gobierno había decretado el estado de sitio la madrugada anterior.

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