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Tribuna:

El periodismo frente al cambio social

Todas las profesiones se enfrentan a un proceso continuado de transformación que en determinados momentos adopta un ritmo vertiginoso, introduciendo dinámicas de cualificación/descualificación que pueden convertir en obsoletos una parte sustancial de los conocimientos y cualificaciones adquiridos en la formación académica y en la práctica profesional. Tradicionalmente estos procesos coinciden con la aceleración de los ciclos tecnológicos; estas dinámicas de cambio vertiginoso se dan preferentemente en los periodos de reestructuración económica y de cambio social acelerado. Todo esto es evidente en las profesiones científico/técnicas (el ejemplo de algunas ingenierías es paradigmático) y también el periodismo, una profesión insertada en el campo de las ciencias sociales, de una u otra manera está inmerso en todas estas profundas dinámicas.

El principal objeto de observación y trabajo de los periodistas, la realidad social y los procesos de cambio que le son consustanciales, se ha hecho muy complejo, entre otras razones, por la existencia de actores que conocen perfectamente la lógica del trabajo periodístico y que poseen los recursos y el saber hacer necesario para influir decisivamente en el trabajo de los periodistas. Otros actores sociales, en cambio, al verse privados de estos recursos ven el periodismo y los medios de comunicación en general como algo lejano y ajeno, al menos en lo que concierne a sus intereses más directos y fundamentales. Este hecho limita seriamente la capacidad del periodismo, en sus actuales registros, para ser un instrumento efectivo para realizar el trabajo de observar, comprender y comunicar los hechos sociales, económicos, políticos, culturales que pautan la vida en este tipo de sociedad.

El periodismo como profesión ha sido sometido a un intenso proceso de segmentación, hasta tal punto que coexisten en la actualidad no menos de media docena de oficios claramente diferenciados entre sí que se autodefinen como periodista. Esto hace imprescindible un proceso de redefinición de los distintos oficios y sus respectivas cualificaciones. En cualquier caso, uno de estos perfiles profesionales se ha de corresponder con la persona que tiene por objeto la observación y comprensión de la realidad social en toda su dimensión y complejidad y que, además, posee la capacidad técnica para comunicar todo esto de forma comprensible a sus lectores, espectadores u oyentes.

Un profesional sustancialmente distinto al actual 'comunicador' en la medida que sabe eludir el mediacentrismo que coloniza actualmente gran parte de la información periodística, un profesional que trabaja desde el principio de autonomía periodística, que establece criterios de relevancia no en función del material disponible o fácil de integrar en los actuales procesos de trabajo, sino desde la necesidad de conocer y comprender la realidad social, un profesional capaz de sobreponerse a la lógica de la 'actualidad', en el sentido que, por ejemplo, la situación de la mujer en el mercado de trabajo es un hecho social de la máxima importancia durante los 365 días del año y no sólo el 8 de marzo o cuando alguna autoridad política presenta un informe. En definitiva, un profesional que sabe mirar los procesos de cambio profundo que están transformado la sociedad en que vive, capacitado para evaluar su trascendencia social y periodística antes de que éstos estallen en las mesas de redacción bajo la forma de algún acontecimiento-noticia. Este modelo de periodismo requiere una cualificación profesional que va más allá de la llamada especialización temática, precisa una formación y práctica más interdisciplinares y de mayor profundidad; se trata de capacitarse en lo que ya ha empezado a denominarse 'periodismo de complejidad'. Las ciencias sociales han desarrollado un buen arsenal de recursos técnicos (teorías, conceptos, métodos y un gran capital de conocimiento acumulado en bases de datos y centros de documentación) que son imprescindibles -al igual que buena parte del saber científico-técnico- para el trabajo periodístico en una sociedad compleja.

Los enormes recursos de información y conocimiento que actualmente están a disposición de cualquier periodista requieren la capacidad para evaluar la calidad de la información y para saber utilizarla tecnológica y creativamente y, sobre todo, con autonomía. Saber identificar las definiciones oficiales y los marcos explicativos elaborados por las innumerables instituciones creadoras de conocimiento e ideología, instituciones que en su mayoría están muy próximas a las organizaciones de interés, contribuirá sin duda a dar un sentido más real a la noción de independencia periodística.

Familiarizar a los periodistas en el trabajo con bases de datos, con análisis estadístico, con la interlocución continuada con científicos y expertos, con el análisis comparativo e histórico, es un camino imprescindible para acercarse a la complejidad de la realidad social, aunque, sin embargo, para que este oficio supere su etapa de actividad regida por la lógica neofordista se requiere algo más. Algo tan próximo, y al mismo tiempo tan difícil de acceder como es la imaginación y la sensibilidad.

Carlos Zeller es profesor de Periodismo de Precisión en la Universidad Autónoma de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de octubre de 2001