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Crónica:FERIA DE JAÉN | LA LIDIA

Cogida preocupante

El sexto novillo era, por hechuras, un toro y, por comportamiento, un manso que no admitió un capote ni consintió en acercarse al caballo. Alfredo González, Niño de Arrayanes, un subalterno linarense, logró prenderlo en la capa y bregó valientemente toreando hacia atrás de cerca hasta que el manso lo alcanzó zarandeándolo estremecedoramente, como un pelele, haciendo por él varias veces y llegándole a arrancar el hombro de la chaquetilla. En la enfermería se le apreció un traumatismo dorso-lumbar que le privaba de sensibilidad y movilidad en las extremidades superiores e inferiores. Fue trasladado al hospital Ciudad de Jaén para realizarle un estudio radiológico y neurológico que determine el alcance de la lesión. Hasta aquí, la parte humana, puesto que en la animal, el manso siguió siendo protagonista: se pegó al caballo durante 16 minutos, sin que hubiera forma de alejarlo, ni siquiera mediante el coleo efectuado por dos toreros agarrados al rabo; se separó cuatro veces y volvió a entrar otras tantas, hasta que le taparon la cabeza y el picador pudo abandonar el ruedo por la puerta de emergencia. Banderilleado a la buena de Dios, le correspondía el regalo al Sombrerero, novillero novel que se enfrentó a un animal aculado en tablas y con peligro cierto. Entró tres veces a matar con regular fortuna antes de dejar media caída y 14 golpes de verduguillo. La presidencia le envió un aviso que fue duramente protestado por el público. Un manso con genio puede llegar a dar estos sustos.

Ponce / Cortés, Guzmán, Sombrerero

Novillos de Enrique Ponce, cuajados y con problemas. Antón Cortés: ovación y saludos; ovación y saludos. Alberto Guzmán: ovación y saludos; vuelta con protestas. Manuel Ocaña, El Sombrero: ovación y saludos; ovación y saludos. Plaza de Jaén, 15 de octubre. 2ª de abono. Un tercio de entrada.

Del Sombrerero, precisamente, fueron las verónicas más lentas y templadas de la tarde, así como una media ceñida que instrumentó al tercero, con la mala suerte de que el animal, tras una vuelta de campana, se quedó seriamente tocado.

Antón Cortés estuvo falto de ambición en el cuarto y no pudo con el primero, mientras que Alberto Guzmán se empleó con valor en el quinto excediéndose en el tiempo y siendo avisado en dos ocasiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de octubre de 2001