Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
FÚTBOL | La resaca de la jornada

Las coartadas y Del Bosque

Por primera vez en los dos últimos años, se mira con sospecha a Del Bosque, víctima de una de las primeras leyes del fútbol: hay que poner cara y ojos a las derrotas.Todas las cualidades que tanto se valoraban en el técnico madridista parecen inapreciables en estos momentos. Del Bosque es el mismo hombre sensato, con un marcado sentido del club al que defiende, experto en el arte de manejar los monumentales egos de sus estrellas, hábil para sortear discretamente las tormentas que se desatan en un club como el Madrid. Nada ha cambiado en su personalidad, ni tan siquiera la entereza para aceptar una derrota como la del sábado en el Villamarín. No son valores cualquiera, y más en el Madrid, donde las tensiones afloran con tanta frecuencia que la parte de gestión de un entrenador es bastante más importante que su lado táctico.

Tampoco han cambiado demasiadas cosas en el Madrid con respecto a lo que sucedió la última temporada. Es un equipo que ha empezado a jugar de forma notable la Copa de Europa, como el pasado año, y que tiene dificultades para encontrar el hilo al campeonato de Liga. El Madrid sólo arrancó en la última semana de noviembre, después de una derrota en Soria bastante parecida a la que recibió frente al Betis. Pero entonces con mucho peor juego. La diferencia radica en la presencia de Zidane, cuya figura simplifica el trabajo de quienes necesitan respuestas sencillas a problemas complejos. Es posible que Zidane no resultara un jugador imprescindible para este Madrid, pero es imposible que Zidane no mejore al equipo, excepto que los jugadores, tan atentos a eludir responsabilidades y buscarse coartadas en las derrotas, se pongan de parte de quienes consideran que el astro francés es un problema. Eso entroncaría con la sospechosa línea que ha mantenido el equipo en los diez últimos años, incapaz de ganar dos campeonatos consecutivos. La inconsistencia del Madrid -tras la Liga que ganó con Valdano o en el año posterior a Capello- ha estado muy relacionada con la capacidad de los futbolistas para sentirse saciados con poco y con su habilidad para encontrar excusas. Y, por algunos comentarios que se escuchan en el vestuario, la excusa Zidane les viene de perlas.

Es evidente que el Madrid tiene dificultades y que muchas de ellas son consecuencia de desequilibrios y carencias, especialmente en el apartado defensivo. Del Bosque tiene trabajo a la vista. Para empezar ha recibido críticas sangrientas por las decisiones que tomó frente al Betis. Puede que el Madrid fuera demasiado vulnerable en el capítulo defensivo, pero lo mismo había ocurrido frente al Málaga y el Valencia en las dos primeras jornadas. Más importante es el mensaje que envió Del Bosque: en caso de duda, prefirió la grandeza, que es lo que se espera en un equipo de la naturaleza del Madrid. Y aunque casi nadie lo ha dicho, ese Madrid descompensado jugó una primera parte prodigiosa. A eso, y no a las coartadas de siempre, debe agarrarse el equipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de septiembre de 2001