RICARDO BASTIDA

Creador del Bilbao del siglo XX

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El creador de la Alhóndiga también diseñó el primer cine de Bilbao, el Olimpia, que se encontraba en la Gran Vía. Su vinculación con las nuevas tendencias en todos los campos, como el cine, le llevó a dirigir películas de aficionado protagonizadas por su familia

El Bilbao del siglo XXI no olvida a los artífices de la villa en el siglo anterior. Si ahora la ciudad recupera la ría, a la que había dedicado sus actividades industriales y comerciales más importantes, todavía quedan importantes edificios de los distintos ensanches anteriores que merecen su conservación y uso, aunque sea con otros fines. Es el caso, por ejemplo, de la Alhóndiga que por fin (después de variados proyectos, como aquel famoso que unía a Gorordo, Sáenz de Oiza y Oteiza) se recupera con espacio de servicios culturales y deportivos.

El autor de aquel magno proyecto adonde llegaban vinos de todas las regiones de España y donde se producía la alquimia necesaria para abastecer a todas las tabernas de Bilbao fue un arquitecto preocupado por el urbanismo, la higiene, la educación y las nuevas tendencias culturales: Ricardo Bastida.

Nacido en Bilbao en 1879, arquitecto municipal entre 1907 y 1927, periodo en el que pronunció una célebre conferencia sobre el futuro urbanístico del Gran Bilbao, Bastida es deudor claro de su formación en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Allí tomará contacto con los impulsores del modernismo catalán y, sobre todo, adquirirá una vinculación con Europa que se verá a lo largo de su obra municipal.

El joven bilbaíno tenía además una relación clara con el urbanismo. El crecimiento desaforado de una villa que acababa de entrar en la era industrial al mismo tiempo que perdía los fueros, fue motivo de preocupación para Ricardo Bastida desde el punto de vista de una ordenación correcta de la ciudad y de una calidad de vida digna para las clases trabajadoras. Esta disposición fue la que generó la amistad con el histórico socialista Indalecio Prieto. A pesar de sus divergencias (el arquitecto era profundamente católico, entre otras cosas) el concejal del PSOE y el urbanista coincidieron en su deseo de un Bilbao cosmopolita.

Así se refleja en las conferencias que dictó Prieto en México en 1946 sobre sus recuerdos de la capital vizcaína, recogidas en el volumen Pasado y futuro de Bilbao. El entonces exilado se refiere en estas charlas al proyecto Bastida para la calle Hurtado de Amézaga, que preveía una amplia plaza ajardinada para el primer tramo de esta calle, justo donde ahora está la estación de Abando.

Afortunadamente, otras de las iniciativas de Bastida sí se llevaron a cabo. Muy cerca de estas calles se edificaron el Instituto de Enseñanzas Medias y la Escuela de Comercio, y un poco más hacia las afueras de entonces la Escuela de Indautxu, que también se llamó de Félix Serrano.

En todas estas construcciones, y también en la Escuela de Artes y Oficios de Atxuri, se descubre el interés por crear un nuevo tipo de escuela, 'más luminosa, más ventilada, más higiénica en la que cada uno de los espacios, cada uno de los elementos, por nimio que pudiera parecer, fuera estudiado e incluido dentro de un razonado programa de necesidades', señala Nieves Basurto en su prólogo a la reedición de aquella famosa conferencia de 1923 sobre el problema urbanístico de Bilbao.

Entre estas aportaciones se puede señalar desde la colocación del dintel superior de las ventanas lo más cerca del techo para aprovechar la luz al máximo, en la Escuela de Comercio; o la instalación de un sofisticado, para la época, sistema de secado de manos por ventiladores de aire caliente, en la Escuela de Indautxu. Sin olvidar sus propuestas acerca del aspecto exterior de sus edificios, para los que solicitaba la colaboración de todas las artes.

Y no hay que olvidar su aportación a la creación de unas viviendas dignas para la populosa clase trabajadora que daba vida al Bilbao de principios de siglo. En este apartado hay que incluir sus propuestas, deudoras de los logros europeos en este campo, como lo muestra el que asistiera en representación del Ayuntamiento de la villa a un congreso de Habitación y Ensanches en Londres, en 1920. No estaba muy de acuerdo con las aportaciones estéticas del movimiento moderno pero sí con la distribución racional del interior, así como con la búsqueda de la mayor luz posible y la mejor ventilación.

Ricardo Bastida, en la madurez de su carrera, fue nombrado arquitecto diocesano, cargo que desempeño entre 1939 y 1953, fecha de su muerte, y con el que aportó a su ciudad más de media docena de templos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 31 de agosto de 2001.