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Burriana recupera la memoria del cantaor Juan Varea

Burriana (Castellón) ha recuperado la memoria de uno de sus hijos ilustres: el cantaor Juan Varea. No se trata de ninguna fecha conmemorativa, pues Varea nació en Burriana en 1908 y murió en Madrid en 1985, sino que personas representativas en la vida del municipio consideraron que ya era hora de recuperar la memoria del único gran cantaor flamenco nacido en aquellas tierras.

El homenaje consta de importantes actos que irán teniendo lugar en su momento. Así, Juan Bautista Varea Segura será nombrado hijo predilecto de la ciudad, se publicará un disco compacto con sus grabaciones más significativas, también un libro sobre su vida y su obra, se pondrá una placa conmemorativa en su casa natal y se rotulará un monumento, calle o plaza con su nombre.

Los actos culminaron ayer con un gran festival flamenco, en el que actuaron el cantaor Antonio Parrado, El Malagueño, y el guitarrista Javier Zamora, los dos muy populares en el ámbito regional valenciano, además de Carmen Linares y Juan Valderrama.

Carmen admiraba profundamente a Juan, y entró en contacto con él siendo casi una niña, cuando se estableció en Madrid. Valderrama fue amigo y compañero de andanzas suyo.

Discreto y admirado

Juan Varea fue cantaor de los buenos, de ley, en una época en que hubo de alternar con algunos de los mejores de todos los tiempos como Caracol, Tomás y Pastora Pavón, Torre, Chacón... Pasó por la vida y el arte con gran discreción, pero fue admirado y respetado por sus compañeros de profesión. Eso, pese a que fue cobarde ante el público, pues salía a cantar medroso, sin poder evitar ese track escénico que a tantos grandes artistas aqueja.

Troupes en los tiempos de la ópera flamenca, teatros -llegó a tener compañía propia-, reuniones de los cabales en los colmaos y las ventas... Y tablaos. Sus 20 años en el histórico Zambra de Madrid fueron la etapa más importante de su carrera. Grabó extensa discografía y de calidad.

Se le considera un clásico, un cantaor que hacía del equilibrio paradigma para gustar a todo tipo de aficionados. Con su aire humilde y sencillo, sin grandes alharacas, nunca bastardeó los cantes. Quizá por ello, en 1983, cuando ya llevaba tiempo en que su precario estado de salud le tenía retirado prácticamente del cante, la cátedra de Flamencología de Jerez le concedió el premio a la maestría como reconocimiento a toda una vida dedicada al flamenco. Le di la noticia yo, creo que para hacerle una entrevista con destino a este periódico, y me dijo con humildad: 'Hombre, maestro... Yo no soy maestro de nada. He cantao lo mejor que he podido, aprendiendo de los buenos artistas, que hubo muy grandes artistas, y poniendo algo de mi parte si llegaba el caso, con sentido...'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de septiembre de 2001