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Reportaje:

Un año de dolor y silencio

La familia de la mujer asesinada en la India junto a su hijo denuncia la desidia institucional por el caso

Una roca de Beret guarda parte de las cenizas de María Ángeles Gironés Abad y su hijo Cristóbal. El resto fueron lanzadas al mar. Hoy se cumple un año del asesinado de Maqueles, como la llamaban en casa, de 34 años, deportista, tenaz, enamorada de la vida y profesora de inglés, y de Cris, de 15 años, fiel compañero de aventuras por medio mundo con su madre. Una supuesta banda de ladrones o terroristas asaltó en plena noche el campamento que pocas horas antes habían establecido Maqueles, Cris y Martin Young, un británico de 32 años, ingeniero, destinado en Nueva Delhi y pareja sentimental de la joven valenciana. La brutal paliza que recibieron, después de la cual fueron lanzados por un barranco, supuso la muerte para madre e hijo. El único superviviente de aquella trágica expedición por Himachal Pradesh, muy cerca del Himalaya, se ha recuperado de las heridas, ha rehecho su vida en Hong Kong y ha preferido olvidar.

El silencio sobre lo que realmente ocurrió aquella noche en la quietud de un destino propio de los practicantes del trekking es lo único que los padres de Maqueles y Cris han logrado durante estos doce meses. 'No sabemos nada. A esta casa nadie llama para informarnos de nada. No nos reciben ni en la Generalitat, ni en la Delegación de Gobierno, ni en el Ayuntamiento, ni Asuntos Exteriores... Las buenas palabras de los primeros momentos han quedado en el olvido. Pero nuestro dolor no', dice Josefa Abad, una mujer de memoria prodigiosa, vehemente y empeñada en que el paso del tiempo no entierre la verdad sobre lo ocurrido.

José Gironés, padre y abuelo de los fallecidos, deportista, veterano empleado de una farmacia, gasta ahora sus energías en dos cosas: exigir que el peso de la justicia caiga sobre los culpables del asesinato de su hija y nieto y alimentar la templanza para relatar escenas familiares que no volverán a repetirse. 'Mi hija era una mujer enamorada de la vida. Era aventurera pero sensata. Es difícil de asumir que ninguna autoridad política española dé explicación alguna sobre lo ocurrido. A nosotros no nos sirve que alguien diga que el caso sigue abierto. ¿Qué se está investigando? ¿Qué pasó con aquellos 300 detenidos pocos días después? ¿Cuáles son las hipótesis? Nadie se pone al teléfono. Acumulamos comprobantes de envíos certificados con la callada por respuesta'.

La amargura de la noticia del crimen, que les llegó en realidad por televisión, tiene ahora una acidez añadida. Ninguna de las personalidades que se brindaron entonces a ayudarles da la cara. Queda en lo anecdótico el gesto del vicepresidente de la Generalitat, José Luis Olivas, que fuera el primero en llamar al domicilio de los Gironés Abad y que después no les recibió siquiera cuando el matrimonio quiso agradecer su preocupación en persona. Atrás queda también el cálido acompañamiento a la familia de la delegada del Gobierno, Carmen Mas, y representantes de la Policía Nacional, al aeropuerto de Manises cuando llegaron repatriados los restos de Maqueles y Cris. Tampoco han vuelto a saber nada de Alicia de Miguel, quien también irrumpiera en el dolor para ponerse a disposición de la familia. Más premonitorio fue para los Gironés Abad el escueto telegrama de condolencias de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. 'Hemos ido al Palau de la Generalitat y no hemos podido pasar del control de documentos. Hemos ido a la Delegación de Gobierno con idéntico resultado. ¿Por qué? ¿Qué país es éste en el que dos ciudadanos mueren asesinados en el extranjero y nadie exige explicaciones?', dice Josefa sosteniendo entre las manos copias de cartas enviadas a instituciones varias en España, Reino Unido e India.

La oficina de Asuntos Exteriores mantiene, según Josefa y José, una irregular correspondencia con la familia, y siempre respondiendo a una iniciativa, en ocasiones reiterada, de los padres de Maqueles. 'Es imposible arrancar nada. No sabemos dónde está la primera declaración que prestó Martin sobre los hechos, no sabemos quienes están trabajando en este asunto, no sabemos qué pruebas se han practicado, qué interrogatorios. Sólo sabemos que en la madrugada de hace un año, mi hija y mi nieto perdieron la vida abatidos a golpes. Sólo sabemos que nadie, hasta el momento, ha pagado por ello. Sólo sabemos que las promesas políticas sirvieron para la foto. Sólo sabemos que el único testigo y superviviente prefiere asegurar que mentalmente ha superado el horror de aquella noche, que prefiere olvidar lo que ocurrió. Nosotros no', afirma Josefa.

María Ángeles Gironés y su hijo, en un campamento en Himachal Pradesh, poco antes de ser asesinados.
María Ángeles Gironés y su hijo, en un campamento en Himachal Pradesh, poco antes de ser asesinados.
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