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Korchnói ficha por el Gambito de Valencia

El suizo Víktor Korchnói, flamante vencedor a los 70 años del torneo de Biel, fichó ayer por el club Gambito de Valencia, con la posibilidad de enfrentarse en el campeonato autonómico a su antiguo enemigo Anatoli Kárpov, primer tablero del Ajedrez Valencia. El acuerdo incluye varias conferencias en la capital del Turia.

Rafael Marí, presidente del Gambito, subrayó que la clave del acuerdo es una cuestión de amistad, no de dinero: “Korchnói es amigo de uno de nuestros jugadores, Ricardo Calvo, y por eso va a aceptar unos honorarios mucho más bajos de lo habitual, 1.000 francos suizos (110.000 pesetas) por partida, más gastos de viaje y alojamiento para él y su esposa. En todo caso, somos un club modesto. El fichaje hubiera sido imposible sin el patrocinio de Bancaja”, explicó.

La curiosa coincidencia de que Korchnói se enfrente a Kárpov es bastante probable, ya que viajará “entre cinco y siete veces” desde Suiza para disputar el Campeonato de Valencia por equipos. Además, los organizadores del torneo de Manises proyectan un duelo entre ambos para la próxima edición, con el morbo asegurado.

Kárpov y Korchnói protagonizaron dos de los encuentros más escandalosos de la historia del ajedrez, en las finales de los Campeonatos del Mundo de 1978, Baguio (Filipinas) y 1981, Merano (Italia), después de que Korchnói, disidente soviético, se escapase de la URSS, en 1976. Los incidentes de Baguio empezaron en la conferencia de prensa inicial y en las negociaciones previas al duelo entre los dos jefes de delegación: el coronel del KGB Víktor Baturinski, a quien Korchnói odiaba sin disimulo -"Debería ser ejecutado, descuartizado y arrastrado por las calles de Moscú por su destacado papel en las purgas de Stalin"-, y Petra Leuwerik. El aspirante quería jugar con la bandera de Suiza, donde residía a la espera de que le concedieran la nacionalidad; los soviéticos se negaron y propusieron una bandera blanca con la inscripción "Apátrida". Korchnói aceptó la bandera blanca pero cambiando esa palabra por la frase "Yo me escapé". Tras largas discusiones, se optó por jugar sin banderas en las mesas. En cuanto a los himnos, Korchnói eligió la ‘Novena Sinfonía’ de Beethoven y se regodeó cuando la orquesta se equivocó al interpretar la ‘Internacional’ en lugar del himno soviético.

Siguió la famosa guerra de los yogures: Korchnói protestó por los que le servían a Kárpov durante las partidas, con el argumento de que contenían mensajes secretos sobre las jugadas; el árbitro, el alemán Lothar Schmidt, decidió que los yogures fueran siempre idénticos en cuanto a su envase y sabor, se sirvieran a la misma hora y por el mismo camarero. Y la de los parapsicólogos: Korchnói contrató a dos miembros de la secta ‘Ananda Marga’ para contrarrestar la supuesta influencia de Vladímir Zújar, miembro de la delegación de Kárpov. En Merano, hubo que colocar una tabla bajo la mesa para que no se diesen patadas. Tras perder ambos duelos, Korchnói se mantuvo durante muchos años entre los mejores del mundo. Ahora, 66º del escalafón, se perfila como el mejor jugador de 70 años de todos los tiempos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 2001