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COLUMNA

El falso lento

Zinedine Zidane es un elefante (está por encima de los 80 kilos) con el cerebro de una bailarina. Su andar es pesado, pero sus decisiones son ágiles. Es uno de los jugadores que más placer me da observar, aunque siempre tengo la impresión de que la atolondrada urgencia del partido (Italia y su fútbol físico y táctico) lo va a superar.

Sin embargo, su inteligencia trabaja a la velocidad del sonido para meterle a la pelota una mayor carga de peligro y malicia de la que traía. Zinedine Zidane es un talento altruista que le da a un equipo muchas prestaciones. No es un gran recuperador, pero perdida la posesión de la pelota se puede contar con él: no resulta fácil eliminarlo y es capaz de perseguir a un rival 30 metros para dificultar su maniobra. Su gran aporte tiene que ver con la construcción del juego (toca más de 70 balones por partido) y la ya mencionada lectura rápida para aportarle a la acción una claridad profunda.

Ningún centrocampista del mundo hace un uso tan inteligente del balón como Zidane. Lo sabe guardar, intenta asociarse, elimina a un rival cuando la jugada lo requiere. Tiene un buen tiro, pero le falta gol para juntarse en la historia con uno como Platini.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de julio de 2001