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Entrevista:IÑAKI ANASAGASTI | Portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados

'Soy como unas 'kokotxas' en Madrid'

Tiene 53 años y dos hijos, con los que le gusta jugar al fútbol. Ha plantado dos palmeras, e insistirá, porque hasta ahora no ha obtenido resultados espectaculares en el empeño (se le han muerto). Dice de Arzalluz que 'no es tan fiero el león como lo pintan', y se define como 'un tipo asquerosamente normal'.

Pregunta. ¿Cómo anda de pasiones?

Respuesta. Las justas.

P. ¿O sea?

R. Pues la política es una pasión, la familia es una pasión, Euskadi es una pasión.

P. ¿Se equivocan quienes piensan que su carácter está entre el palmero de Lola Flores y el actual fiscal general del Estado?

R. No estoy cerca de ninguno de los dos. Soy un nacionalista en Madrid que trata de hacer política. Soy como unas kokotxas en la capital del imperio.

P. No me diga que ser nacionalista es un rasgo del carácter.

R. Según Aznar, sí. El otro día me presentó al presidente chileno diciendo que yo era un vasco equivocado. El sentido del humor lo tiene en los pies.

P. Nacer en Venezuela, ¿dio a su cuerpo furor caribeño? ¿Usted se nota algo?

R. Que me gusta América. Y, sobre todo, que me gusta la salsa.

P. ¿La baila?

R. No, la escucho. Para bailar, hace falta oído. Y yo tengo oreja, mayor oreja. Ahora, la política vasca tiene ritmo de salsa.

P. ¿Ha digerido ya el 13-M?

R. Yo, sí. El que no lo ha digerido es Aznar, que dice cosas como que el pueblo vasco no está maduro.

P. Cuentan que es algo torpe en su acercamiento a las mujeres.

R. Ya no tanto. Tengo mucho éxito con las menores de 12 y las mayores de 65.

P. ¿Le inspira alguna parlamentaria como para hacerle versos?

R. No. Recuerdo que el diputado Lorenzo Olarte dijo que decidió volver a la política canaria cuando le empezó a gustar Loyola de Palacio. Todavía no he llegado a eso.

P. ¿Sigue dándose el pico con Álvarez Cascos?

R. Sí. Con él se puede llegar a acuerdos. Y los cumple.

P. Quién diría que en Donosti fue compañero de colegio de Fernando Savater.

R. No sólo compañero de pupitre, sino que iba a su casa a representar obras de teatro ante su familia. Yo hacía de indio y él de vaquero. O sea, que ya apuntábamos maneras.

P. ¿Sigue comulgando los primeros viernes de mes, como en los marianistas?

R. No.

P. Los curas le enseñaron a cantar El puente sobre el río Kwai en euskera. ¿Me lo reproduciría?

R. Un cura le puso letra, pero se me ha olvidado; además, sonaba horrible: parecía que en lugar de Alec Guiness el que cantaba era Raphael.

P. ¿Por qué se necesita el euskera para ser barrendero en un ayuntamiento, y no para estar en el EBB?

R. Es una magnífica pregunta. Pero no me la hará dentro de 20 años, porque todo el mundo sabrá euskera.

P. Que su hijo Iker sea del Real Madrid, ¿es la mayor tragedia de su vida?

R. No. El otro día le llevé al partido Real Sociedad-Athletic, y se me ha pasado a la Real. El siguiente paso será el Athletic.

P. ¿Fue peor firmar un autógrafo a una guardia civil?

R. Fue un doble corte, por guardia civil y por mujer.

P. ¿Cuál es su ministro del Interior favorito?

R. Corcuera. A mí me encanta la gente que va de frente y no anda por detrás.

P. En un sofá con Arzalluz, ¿preferiría ser Don Juan o Doña Inés?

R. Sofá.

P. Citó una vez la frase de que el nacionalismo se cura viajando y leyendo. ¿La asume?

R. No, porque, desgraciadamente, los nacionalistas hemos tenido que viajar mucho. Yo nací en el exilio. Y no sólo leemos libros, sino que los escribimos.

P. ¿Regalaría a sus niños el libro de cuentos comentados por Ana Botella?

R. Tengo que verlo. Si dice que el lobo feroz es Javier Arzalluz, sí.

P. Sin egoísmos: revéleme el nombre de su peluquero.

R. Eh... No es Llongueras, sino un ordenador de cuatro pelos que se llama Iñaki Anasagasti.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de junio de 2001