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Guerra civil en el Calderón

La mayoría de la afición del Atlético pide la expulsión de los 'ultras', que insultaron a Kiko

Sólo la depresión evitó que ayer en el Calderón se desatara una batalla campal. Desde el vestuario hasta los aficionados más beligerantes, pasando por la directiva, el club respira en una atmósfera sedante, dentro de la cual, los miembros del Frente Atlético chocan a puñetazos con futbolistas históricos (como ocurrió en el entrenamiento del martes), los aficionados se enfrentan abiertamente en pleno partido, piden la dimisión del presidente, Jesús Gil, insultan a jugadores con pancartas amenazadoras que rayan el delito (Kiko, cojo, muérete), o interrumpen el partido hasta crear tal desconcierto en las propias líneas que el equipo rival termina por adelantarse en el marcador.

Ayer, en el Calderón, hubo un conato de guerra civil en la primera mitad. Luego vino la calma. Y en el segundo tiempo toda la masa social y toda la plantilla vivió a la deriva, cansada incluso de sus propios impulsos autodestructivos.

Ya en el entrenamiento de la víspera, un grupo de aficionados violentos se metió en el campo para insultar a los jugadores. La práctica fue a puerta cerrada pero los seguidores, unos diez elementos, presuntamente vinculados al grupo Frente Atlético, se infiltraron y terminaron enfrentándose a puño limpio con un par de jugadores que simbolizan la historia reciente del club. Ayer, antes de que se abrieran las puertas del estadio, desde la baranda del primer anillo, frente a la grada que ocupa el Frente, colgaban dos pancartas de unos diez metros de largo cada una: "Kiko, cojo, muérete", "mucho alcohol y poca sangre" y "no olvidamos. Jugadores muertos". En la zona del Frente se abría un vacío, un hueco con un crespón negro en el medio, denunciando la ausencia de los seguidores más ruidosos, que hicieron huelga de silencio en señal de protesta por la permanencia en Segunda.

En las puertas, fuera del campo, a la altura del fondo sur que ocupa el Frente Atlético, los aficionados violentos contenían a los suyos para que no entraran. Hacían guardia en los vomitorios en espera del golpe de efecto. Hasta que entraron, en el minuto 26, para dejar en evidencia las tensiones existentes en el seno de la afición. Los cerca de 7.000 miembros del Frente irrumpieron para cortar la exaltación del Atlético en el campo. Lanzaron pelotas de goma, huevos y pelotas de golf al campo. Sobre la hierba rebotaron cuatro bengalas que vomitaron una neblina de humo blanco y rojo. "¡Nosotros ponemos las pelotas!", rezó un cartel desplegado, mientras seguían cayendo pelotas de colores sobre la portería del Zaragoza. El resto del público se volvió contra los violentos en un bramido general: "¡Fuera, fuera, fuera!".

Antes del partido, los capitanes decidieron el campo según la ubicación del Frente Atlético. Aguado, del Zaragoza, explicó que para evitar males mayores sobre los jugadores rojiblancos, decidió que su equipo se colocara del lado de los hinchas peligrosos: "Nos hemos mirado con Aguilera y hemos entendido que lo mejor era que nosotros comenzáramos el partido del lado del gol sur".

Enfrentados el Frente y el resto de la afición, la confusión se apoderó de los jugadores. "¡Esta camiseta no la merecéis!", gritaban aquellos. "¡Sois una mierda!", replicaba la grada. Dos personas con pinta de aficionados de a pie retiraron la pancarta que insultaba a Kiko antes del descanso. Hasta entonces, ninguno de los jugadores del Atlético pareció hacer nada por ello. "Es cosa del club", dijo Mena, uno de los presuntos líderes, después del encuentro; "y pensar que Kiko se ha dejado los tobillos por este club", añadió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de junio de 2001