Reportaje:EL POZUELO | EXCURSIONES

Cobijo entre serranías

El prado de El Pozuelo es la antesala de un gran bosque mediterráneo y un lugar para la cría del conejo de monte

Entre las copas de un inmenso bosque de pinos, que pinta de verde el horizonte, se levanta la silueta, con sus picos nevados, de Sierra Nevada. Este impresionante paisaje que, allí donde existiera obligaría a hacer un alto en el camino a cualquier visitante, es sólo uno de los flancos de El Pozuelo, una pradera situada en pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de Huétor, en Granada. A la espalda de semejante estampa, las laderas del macizo de Arana muestran su aspecto más rudo con altos cortados de tierra clara.

A una escasa media hora de la aglomeración urbana de la ciudad de Granada, en dirección a Murcia y a la altura del Puerto de la Mora se esconde entre serranías enjundiosas un pequeño valle desde el que se puede acceder a una de las partes más desconocidas del Parque de Huétor: Carbonales. Es un macizo poco pronunciado de unas 300 hectáreas de terreno, cuyo bosque mediterráneo, que forma una gran mancha de encinar, esconde los secretos de la virginidad natural. La mano del hombre sólo alteró relativamente el paisaje hace años cuando dejó de cultivar parte de estos terrenos y se plantaron cedros, nogales, frutales, olivos, pero, en mayor medida, grandes extensiones de pinar, que hoy son una variedad asombrosa en el paisaje. Oquedales y zonas ombrías por la poca luz que se filtra entre los altos pinos salpican el paisaje común de nutrido matorral y árbol achaparrado.

Una antigua casa forestal desvencijada apenas se mantiene en pie por el paso de los años y el poco cuidado. Una graciosa veleta, con la figura de un agricultor en plena faena, corona el tejado medio hundido de esta morada de paso conocida desde hace años como El Pozuelo. Aún hoy, a pesar de sus malas condiciones, los responsables de Medio Ambiente ceden esta casa a algún viajero-descubridor que haya encontrado este paraje.

Ante las puertas y ventanas de la casa forestal se extiende un prado donde, por su situación y en años de lluvias como este, el suelo se cuaja de verdor. A 1.300 metros de altitud, esta extensión es el balcón perfecto para asomarse al paisaje escarpado de otros puntos más elevados, como el pico Mulhacén, techo de Sierra Nevada.

Mucho más firme que la casa forestal, en el mismo paraje de El Pozuelo, hay un refugio de ganado desde el que cada día salen los rebaños para buscar los pastos en lugares dispersos del parque natural. Las ricas hierbas de su jardín se reservan para tiempos de mayor escasez. Los ganaderos son el elemento humano más común en esta zona desconocida por las masas de excursionistas, para las que se han habilitado áreas recreativas en otros terrenos del parque más próximas a la capital.

Junto al refugio forestal una valla delimita una extensión de terreno que aparentemente podría parecer más de lo mismo, paisaje de encinar como el que se extiende desde El Pozuelo a casi todo su alrededor. Pero en este camuflaje de bosque mediterráneo se dan las condiciones idóneas para la cría del conejo de campo en libertad. Se trata de una hectárea de terreno que sirve de refugio natural para los conejos, típicos de este paisaje. La única intervención humana es de protección, pues se construyen madrigueras especiales para hacer más cómoda la cría. Una vez que los conejos adquieren dimensiones adultas se sueltan en la inmensidad del Parque. El objetivo es, entre otros, asegurar, por un lado, la existencia de este tipo de caza, y por otra parte, conseguir que los ejemplares más avisados permanezcan en el campo y mueran de viejos. Con este fin han sido criados en la naturaleza, rodeados de peligros de los que han aprendido a protegerse.

Desde este prado se inicia una pequeña senda que a los pocos metros descubre un nuevo paisaje de suelo eminentemente rocoso y un bosque de tierras secas que tienen el mínimo refresco de pequeños arroyos que se abren paso entre los huecos de las dolomías. A través de este camino se puede hacer el recorrido circular para bordear por completo la sierra de Carbonales. Una empresa costosa por el largo recorrido de alrededor de 20 kilómetros, pero que puede suponer un verdadero espectáculo de naturaleza en estado puro. Se pueden encontrar ejemplares de cabra montés, buitre leonado o incluso águila real.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 07 de junio de 2001.

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