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Crónica:FÚTBOL | 32ª jornada de Liga

El Madrid paga su dejadez (1-1)

Osasuna aprovechó en el primer tiempo la apatía del líder y resistió su acoso en el segundo

El Real Madrid equivocó sus prioridades frente a Osasuna y concedió un empate inesperado, probablemente sin consecuencias para la decisión del campeonato. Eso se sabrá en las próximas jornadas. Al líder le dio por manejar las cuentas y por pensar en su semifinal de la Copa de Europa ante el Bayern Múnich. Jugó mal en todos los sentidos. En la primera parte fracasó por dejadez; en la segunda, por falta de ideas. Osasuna le complicó la vida con un tanto de Álex, en el lanzamiento directo de una falta, y le obligó a hacer el gasto físico que no quería.

La trama era tan perfecta para Osasuna que pagó su gol, demasiado temprano para los intereses de un equipo que necesitaba un partido tranquilo, sin aristas, la clase de noche que se torció con el tanto de Álex. El Madrid, que estaba en la inopia, se vio ante las consecuencias de una derrota en su estadio. Su reacción cambió el curso del encuentro, igual de deficiente que en el primer tiempo pero con la intensidad que había faltado anteriormente. Era la que menos convenía a Osasuna, obligado a un cuerpo a cuerpo que se volvió más incómodo tras el tanto de Raúl.

REAL MADRID 1| OSASUNA 1

Real Madrid: Casillas; Salgado, Iván Campo (Celades, m. 77), Karanka, Roberto Carlos; Makelele (Savio, m. 61), Flavio; Figo, Raúl, McManaman; y Guti (Munitis, m. 71). Osasuna: Nuno; Yanguas, Gruchaga, Vidakovic, Jusue (Lekumberri, m. 60), Llorens; Gerardo, Álex (Alfonso, m. 87), Gancedo; Ángel Luis (Sabino, m. 54); y Rosado. Goles: 0-1. M. 37. Falta cercana al área, en la zona derecha del ataque osasunista, que lanza directamente Álex y marca de disparo raso, a la izquierda de Casillas. 1-1. M. 51. Jusué despeja la pelota, que rebota en Cruchaga y llega a Raúl, que batre por arriba a Nuno. Árbitro: Turienzo Álvarez. Amonestó a Álex y Sabino. Unos 61.000 espectadores en el Bernabéu. Figo lanzó fuera un penalti (m. 40).

En este duelo pesadísimo, sin ningún voltaje, el equipo navarro se enteró muy pronto de la escasa atención del Madrid a sus obligaciones. Jugó toda la primera parte a ritmo de pachanga, con la cabeza puesta en el encuentro con el Bayern, convencido todo el mundo de que la Liga estaba ganada. Daba la impresión de que la presencia del Madrid en el Bernabéu era protocolaria, por el qué dirán, como si este partido ya no estuviera en sus planes. Para Osasuna fue una estupenda noticia porque durante la primera parte apenas hizo otra cosa que ordenarse y aprovechar un tiro libre, no uno cualquiera, sino un remate sensacional, con su rosca y todo eso. Casillas se estiró, pero no llegó. Por si acaso, le habría venido bien un hombre más en la barrera, porque el balón giró por fuera del último jugador.

Antes del gol no hubo nada noticiable. El Madrid jugó al trotecito porque no se sentía apurado por el partido, porque le podía la vanidad -o la dejadez- y porque nadie ponía electricidad a aquella rumia. En el medio campo se estrenó como titular la pareja Makelele-Flavio, con resultados pésimos. Makelele tiene crédito desde hace tiempo por su impagable contribución en los momentos más complicados del campeonato. Con Flavio no ocurre lo mismo. Después de su decepcionante arranque, estuvo cuatro meses de baja. Se esperaba con interés su regreso para ver si había algo potable en un futbolista de acompañamiento, sin duda sobrevalorado en el precio que el Madrid pagó por su fichaje.

La pareja no funcionó. Primero, porque Makelele y Flavio no mezclan bien, o eso parece. Ninguno de ellos tiene demasiadas luces para generar fútbol. Makelele es un jugador de gran instinto defensivo y correcta distribución, siempre en corto. Para complementarle necesita un jugador largo, cosa que Flavio no es. En sus mejores momentos, ha sido un centrocampista enérgico, con capacidad de remate desde fuera del área. Por ahora, no llega ni de lejos a esa definición. Su contribución al partido fue escasísima, todo lo contrario de lo que sucedió en las filas de Osasuna con Álex, que dominó el medio campo sin oposición. Álex encontró la ayuda de Gancedo y entre los dos se bastaron para sostener al equipo navarro en el primer tiempo.

La reacción del Madrid al tanto de Osasuna se produjo después del fallo de Figo en un penalti que Turienzo pitó de oído. Hubo más ruido que otra cosa en la ofensiva madridista, que encontró la colaboración de Jusué en un mal despeje del defensa navarro. La pelota rebotó en Crutxaga y quedó a los pies de Raúl, como casi siempre. Y fue gol, también como casi siempre. Pareció el momento para el arreón definitivo del Madrid, pero no ocurrió tal cosa. Se enredó en un juego intempestivo, sin ninguna claridad, con el voluntarismo de algunos y la indolencia de otros. Guti estuvo en su peor versión, ante el desagrado del personal. No faltaron algunos remates, pero los mejores fueron interceptados por Nuno, la figura de Osasuna, que salió del Bernabéu con un resultado que le viene de perlas en su abnegada pugna por escapar del descenso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de abril de 2001