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COLUMNA

Pájara

Tras considerar largamente que en este país sólo hay una idea política, pétrea y solidificada como lava fría, he decidido hacerme independentista. Lo siento mucho, pero, si no puedes con ellos, únete a ellos. Así que me uno.

Ahora bien, soy tan independentista que no me basta con librarme de una opresión. Yo quiero librarme de todas las opresiones que limitan mi soberanía. Por ejemplo, Repsol. Yo quiero ser independiente de todas las petroleras que me imponen unas condiciones de vida incompatibles con mi cultura. Y de Telefónica, a la que he estado sometido desde que nací, como un negro de Nueva Orleans en los campos de algodón. Y de La Caixa y de todos los bancos, los cuales aplastan mi diferencia hasta convertirme en un guarismo de sus abominables expansiones. Y de las eléctricas que financiaron la guerra de Franco y siguen como en 1939, sólo que ahora les tengo que dar un billón de mi bolsillo. Y de las autopistas y de los inmobiliarios y, ya puestos, de las agencias de publicidad. Y de TVE y de TV-3 y de ETB y de todas las antenas del poder, porque no basta con apagarlas para no morir idiota, sino que es imprescindible dejar de pagarlas para que no sigan colonizando (¿o clonizando?) a lo que queda de población no espongiforme. Y así sucesivamente.

¡No quiero nacionalizarles, Dios mío! Sólo quiero que respeten mi soberanía y mi indiscutible derecho a que no me tomen el pelo además del billetero. No quiero comer piensos cárnicos, aunque ellos sean caníbales.

Bien es verdad que para eso necesito un partido. Los que hay no me sirven. Todos están financiados por mis opresores y los políticos se la cogen con papel de fumar antes de decir 'mu'. Los llamados partidos de izquierda, por lo menos en mi aldea, están obsesionados con poner finca propia y luego dejarse ordeñar mansamente por mis colonos. Así que sólo cortejan al gran rapiñador.

A ver si queda claro. Yo necesito un partido que en lugar de sermonear sobre naciones susceptibles de ser explotadas exactamente igual que las de ahora, defienda a ciudadanos independientes, libres y soberanos. Un partido que ponga bozal y bridas a los colosos, en lugar de pasar la boina a ver qué cae. Ya lo sé, estoy como una cabra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de febrero de 2001