Sillas quemadas y avalancha sobre Moratti

El Alavés creó ayer una crisis en el Inter con escasos precedentes. Una crisis traumática y violenta, que obligó a parar el partido durante cerca de cinco minutos tras el segundo gol del equipo vitoriano y que fue finalizado por orden del delegado de la UEFA al árbitro sin jugarse los 10 minutos de descuento. En un campo casi desértico, con menos de 10.000 personas (San Siro tiene capacidad para 83.000 localidades), el grupo más enérgico, situado en el fondo de la portería ocupada por Herrera en la segunda parte, se desentendió del partido y provocó graves incidentes. Lanzaron bengalas y sillas al campo, y trataron de llegar a la tribuna principal para agredir al presidente, Massimo Moratti.

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No hubo heridos de consideración. En el Alavés sólo el portero Martín Herrera sufrió las consecuencias de la violencia de los tifosi italianos, aunque sin mayores incidencias. Eso sí, fue el primero en salir corriendo hacia el colegiado para indicarle que llovían sillas, o trozos, más bien, sobre su portería y que una de ellas incluso había quedado suspendida en la red. El suelo y la portería llenos de manchas verdes. Todo un espectáculo triste para el club azul y negro.

Las mayores complicaciones se dieron en el polémico fondo -con enfrentamientos entre los aficionados y la policía- y en el palco, al que tuvieron que acudir los policías antidisturbios para proteger al presidente. Seguramente el técnico, Marco Tardelli, también pagará las consecuencias de la eliminación del Inter. Esta semana, los medios de comunicación milaneses predecían su destitución en caso de caer eliminado en la UEFA. Incluso ya le buscan sustitutos, entre ellos Pasarella.

Mientras tanto, el Alavés salió también entre gloria. De hecho, todo el público de San Siro terminó aplaudiendo a los jugadores albiazules y los aficionados que viajaron a Milán lo festejaron a lo grande en las gradas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de febrero de 2001.

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