VISTO / OÍDOColumna
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Dos o tres poderes

Asisto a discusiones entre juristas acerca de la sentencia de los salarios en la Administración pública, y me confirmo en viejos pensamientos: en España hay tal exceso de leyes que se puede encontrar la que convenga para defender lo que se desea. La justicia es una parte de la política que ha ido quitando el poder omnímodo a los monarcas absolutos, después de reducir a los feudales; se lo ha quitado al Ejército y lo ha pasado a la burguesía. El intento de pasarlo a los jurados de ciudadanos ha sido rechazado: por los juristas, que se ven suplantados; por la burguesía propietaria; y por alguna izquierda que teme que sea más duro.

En los temas del prevaricador Liaño y los funcionarios, la cuestión está en de qué parte está el jurista, o qué desea: los textos y el latín ya los encontrará. Oigo también que no se deben mezclar los dos casos, porque tienen resultados diferentes. Pero es el Gobierno quien los mezcla y acusa al poder judicial de invadir la potestad gubernamental y legislativa: son difíciles de dividir cuando, como en este caso (o el de Bush), el Gobierno es también el Congreso y el Senado. Se habló de un cuarto poder que sería la prensa: ese partido quiso acapararlo desde antes, para ser Gobierno, y lo consiguió en todos los casos salvo en uno (éste) pese a la prevaricación de Liaño y a sus inspiradores: los graciosos conspiradores que ganaron y no ganaron al mismo tiempo; participan del poder y su dinero, pero no de la influencia de equilibrio de este grupo de comunicación desde el que escribo y hablo.

La intención es, ahora, absorber el poder judicial, lo que se llama 'reforma de la justicia', y que no cae mal en principio, porque la justicia no funciona. Esa reforma no va en el sentido de mejorarla, asegurar su poder real, darle velocidad y cumplimiento. Aznar pide auxilio para esa reforma al partido socialista, un pacto como el antiterrorista (que también es un principio político: el de ocupar el poder del Gobierno autónomo nacionalista vasco) para no permitir la independencia o la invasión del poder judicial, y le dice que debe adherirse porque no ayuda a este Gobierno, sino al que puede ser el suyo algún día. Una trama clara: el Gobierno como poder total y el presidente como jefe único. Vuelta atrás. La democracia absolutista. A Bush le dio resultado: los tribunales le dieron la presidencia por encima de los votos populares. Tiene también el Congreso y el Senado. La prensa, no; la televisión, no. No puede con ello.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 31 de enero de 2001.

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