Cuando la guerra se acerca a la conciencia
Rafael Marchante nació en Cádiz hace 28 años y allí comenzó su carrera profesional como fotógrafo, en Cádiz Información. Después de tres años se marcha a Málaga para trabajar en la delegación andaluza de EL PAÍS. Sus estudios de Imagen y Sonido tumban una temprana vocación de cámara de televisión que se desvió hacia la fotografía, convencido de que este oficio es "más personal, un trabajo más íntimo". En 1999 inmortalizó a una anciana albanokosovar en un centro malagueño que sirvió de refugio para los huidos del conflicto étnico de los Balcanes. Detrás de las faldas de la anciana está su nieto, escondido y temeroso del fotógrafo. La imagen ha ganado el premio Andalucía de Fotografía, uno de los cinco galardones que ayer entregó el presidente Chaves en el Palacio de San Telmo.
El jurado valoró la expresión de la anciana captada en la foto. Una cara surcada por mil arrugas y unas manos expresivas y serenas que se posan sobre la larga falda. La mujer es la imagen de la templanza. "Había pasado tantas penurias que no podía ya asustarse de un fotógrafo". El nieto aparece más esquivo.


























































