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Crítica:

Concierto para guitarra, sitar y veena

Eran las 19:00 horas del miércoles 4 de octubre en la sala Joaquín Turina. Gualberto García estaba preparado para volver a sorprender a los pocos aficionados al flamenco y a la música en general que se habían dado cita para ver su espectáculo Constelación flamenca."Un año más me he vuelto a quedar sin veraneo, espero que el esfuerzo haya merecido la pena". Fueron sus únicas palabras antes de comenzar su recital.

Gualberto es un músico en el más amplio sentido de la palabra. Desde que comenzara su andadura con Smach, hasta hoy no ha habido ni un solo día en su vida en el que haya hecho algo que no pueda ser calificado de acontecimiento musical.

Arropado por un grupo de músicos de la Orquesta Sinfónica de Sevilla y de su propia hija Meili, se paseó por Triana al compás de las seguiriyas, fandangos, sevillanas y alegrías.

Constelación flamenca

Gualberto García (A la guitarra, sitar y veena). Meili García (Voz lírica y violín). Daniela Polkicheva (Arpa). Luís Orden (Arpa). Guenadi Nikolov (Contrabajo). Alvaro Garrido (Percusión).

Lo mismo le da tener entre sus manos una guitarra, que un sitar o una veena, "comprada por Internet", porque cualquier instrumento puesto en manos de este grandísimo músico suena a gloria.

De la mano de una musicóloga y junto a Ángel Vela se paseó por la Triana de los corrales de vecinos y calles estrechas, la de las tascas y las plazuelas, esa Triana solidaria, acogedora por definición y sin la cual no podría entenderse Sevilla, porque no estaría completa.

El universo musical en el que Gualberto habita no tiene límites. La humildad con la que se presenta una vez tras otra ante el público no hace más que poner de relevancia su talla artística.

Con zapatos o sin ellos, este músico sevillano sólo necesita un instrumento de cuerda para que el mundo se rinda a sus piés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 2000