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Reportaje:FUTUROINMUNOLOGÍA Sanidad animal

Una vacuna contagiosa creada en España permitirá recuperar los conejos silvestres

Investigadores del Centro de Investigación de Sanidad Animal (CISA) han creado una vacuna por ingeniería genética contra la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica del conejo silvestre, epidemias que han diezmado la población de esta especie para disgusto de los cazadores. La vacuna tiene la peculiaridad de propagarse por contagio, aunque éste ha de producirse por contacto y dentro de los ocho días siguientes a la vacunación. Ha sido ya probada en la isla del Aire (Baleares) y sus efectos positivos han alcanzado a un 42% de la población de estos roedores.

Cepas

Además de la famosa ardilla que iba y venía de Algeciras a los Pirineos, en la península ibérica abundaban también los conejos. De hecho, hay quien asegura que Hispania, el nombre romano, viene de I-Sephan-im, tierra de conejos en la lengua fenicia. La mixomatosis y la enfermedad hemorrágica han diezmado de tal manera la población de conejos silvestres que su número es hoy muy escaso. Una vacuna creada en España con ingeniería genética podría solucionar este problema, grave para la recuperación de otras especies emblemáticas, como el lince.Vacunar a animales silvestres no es nada fácil. Habría que cogerlos a todos y pincharles uno a uno para garantizar que el remedio surtiera efecto. A no ser que se encuentre un mecanismo para que la vacuna resulte contagiosa, es decir que, vacunando a una parte pequeña de la población se consiga inmunizar a muchos. Este razonamiento es el que se hizo José Manuel Sánchez-Vizcaíno, director del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA) y coordinador del proyecto de vacuna recombinante Mixoma-RHDV, cuando la Federa-ción de Caza le expuso el problema y le encomendó la búsqueda de una solución.

Suspicacias

"Aplicamos imaginación y tecnología, y creo que lo hemos conseguido", dice Sánchez-Vizcaíno. La vacuna creada en el CISA (situado en Valdeolmos, Madrid), y que ya ha sido probada en una isla de Baleares, se trasmite de los conejos vacunados a los que están próximos por contacto (con roce, no por aire), o bien mediante las pulgas, pero siempre exclusivamente durante los ocho días siguientes a la vacunación.

Los investigadores del CISA han estudiado las cepas de la enfermedad que produce el virus mixomatosis, localizadas en una biblioteca de virus de Laboratorios Hipra. Para la vacuna eligieron la cepa 6918, muy poco virulenta (que no produce la enfermedad pero que vacuna contra ella) y susceptible de ser contagiosa. Con este material natural de partida utilizado como vector, construyeron una serie de recombinantes en los que también se incluía la proteína VP60, estudiada con anterioridad por Francisco Parra, de la Universidad de Oviedo, que expresa el gen que inmuniza contra la enfermedad hemorrágica. Con todo ello, a lo que se unió un marcador genético llamado DA3, se creó la vacuna Mixoma-VP60.Además de la transmisión por contacto, se han utilizado pulgas, aportadas por Javier Lucientes, de la Universidad de Zaragoza, para comprobar que mediante picadura también se transmite la vacuna. Tras colocar 25 pulgas por conejo y aguardar tres días, "comprobamos que, efectivamente, los conejos no vacunados mostraban en los análisis tener altos los títulos de anticuerpos", comenta Sánchez-Vizcaíno.

La transmisión de la vacuna se produce sólo en los ocho días siguientes a la vacunación, y sólo a la mitad de los conejos que están próximos al vacunado. Éstos, a su vez, sólo pasan la vacuna al 10 por 100 de los conejos con los que tienen contacto, que ya no pasan la vacuna a otros conejos. Es decir, no se trata de una nueva enfermedad introducida en el campo, sino de una vacuna controlada de manera natural, ya que de manera natural pierde su efecto expansivo.

Desde que se inició el proyecto, a finales de 1996, se habían necesitado dos años para diseñar la vacuna y otro más para hacer los experimentos en el laboratorio. En enero de 2000, tras no pocos trámites y permisos del Ministerio de Medio Ambiente, las autoridades autonómicas y la Agencia Española del Medicamento comenzaron las pruebas en el campo. Se eligió una isla, la isla del Aire, junto a Menorca, para hacer una vacunación y observar los resultados.

De una población estimada de 300 conejos, se vacunó, en enero pasado, a 75, y a 149 se les utilizó como control; a todos ellos, 224 en total, se les marcó con un microchip subcutáneo. En los últimos análisis realizados, este mismo mes, se ha comprobado que el 42 % de los conejos de la isla presentaban altos títulos de anticuerpos de las dos enfermedades.

Mientras se realizaba el experimento en la isla, una epidemia de la enfermedad hemorrágica llegó a las Baleares. "Sabíamos que, antes o después, la enfermedad llegaría a la isla del Aire", dice Sánchez-Vizcaíno, "así que pudimos observar los resultados. Y comprobamos que la vacuna funcionó perfectamente, con una supervivencia muy alta de conejos, en torno al 75%, que hubieran sucumbido en un 90% a la enfermedad. Ahora, pese a la epidemia, hay más conejos allí que antes".

Tras haber presentado las patentes, la vacuna está ahora a la espera del permiso para poder comercializarse, que se obtendrá una vez superados los trámites que se llevan a cabo en la Agencia Europea del Medicamento Veterinario. Será comercializada por el Laboratorio Hipra.

En Inglaterra, y sobre todo en Australia se han levantado algunas voces contra la vacuna. "Es que ellos no quieren tener conejos y nosotros sí. Aquí es importante, allí sobra", explica el director de la investigación. El conejo fue introducido en el continente australiano con la llegada de los ingleses, en 1788, y, al no encontrar depredadores naturales (previamente extinguidos por los aborígenes) se reprodujo con enorme facilidad. En la actualidad representa un problema económico de primera magnitud para los ganaderos australianos, que introdujeron en 1950 el virus de la mixomatosis, provocando mortalidades del 99%. Tan buen resultado hizo que, en 1952, agricultores franceses propagaron la enfermedad, que llegó a España con efectos devastadores."Tienen miedo", señala Sánchez-Vizcaíno, "de que alguien lleve allí la vacuna y se extienda. Ya se lo hemos explicado y se han terminado las suspicacias". Al extenderse la vacuna de modo controlado y sólo durante un tiempo, no existe peligro de que haya una epidemia de conejos sanos e inmunes a una enfermedad que no sufrían en la antigüedad.

El sueño del cazador

Los conejos ocupan un lugar central en la cadena trófica de la fauna mediterránea. Es el principal convertidor de proteínas vegetales en proteínas animales, y es la base de la alimentación de muchas especies, entre ellas algunas emblemáticas y en grave peligro de extinción, como el lince, el águila imperial y el águila real.Ningún programa de recuperación de estos animales es viable si no se cuenta con una población adecuada de conejos. El conejo sirve también de alimento a 27 rapaces, 11 carnívoros y dos serpientes.

Los cazadores humanos, principales impulsores de la vacuna creada por los científicos del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), también estarán de enhorabuena el día que el antídoto se ponga a la venta. Los casi medio millón de cazadores federados (en total hay 1.400.000 cazadores) han financiado con unos 150 millones de pesetas el proyecto. La caza es una industria que mantiene un altísimo número de puestos de trabajo y declara unos 600.000 millones de pesetas cada año, aunque el monto de lo no declarado podría ser otro tanto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de septiembre de 2000

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