IX CONGRESO DEL PSPV-PSOE

Abucheos, pitadas y tachaduras escenificaron el descontento de muchos delegados con Ciprià Ciscar

¿Cómo escenificar el descontento? De eso, Ciprià Ciscar aprendió ayer algo. Un buen grupo de delegados del cónclave socialista le tributó un sonoro abucheo para dejar claro su rechazo a que les represente en el comité federal del PSOE. Su entrada en el paraninfo de la Universidad minutos antes de la clausura oficial del congreso no figurará en acta, pero se retransmitió en directo por algunas emisoras de radio. Los 15 metros de pasillo que recorrió hasta acceder a su asiento se le hicieron eternos, pero Ciscar aguantó el tipo y lo ocupó como si los gritos de "¡Fuera! ¡Fuera!" no fueran con él.Delegados, observadores y hasta invitados participantes en la clausura del congreso evidenciaron ese descontento sin mucha imaginación, pero con mucha convicción. Desde comentarios jocosos en voz alta hasta pitadas o intencionadas tachaduras en las papeletas de votación, sin olvidar lo de hacer novillos para evitar las urnas, fueron las estrategias utilizadas para hacer ver a los dirigentes que el principio de la obediencia debida, antaño inherente a todo congreso, ya no lo es tanto, y que una lista mal planteada y nada consultada será contestada en tiempo y forma.

La candidatura al comité federal que encabezaba Ciscar fue la menos respaldada en el congreso, con sólo el 52% de los votos emitidos. La nada desdeñable cifra de 108 delegados decidió votar en blanco, mientras las papeletas nulas sumaron 65, la mayoría por tachaduras de nombres o comentarios escritos sobre el cabeza de lista.

Fue la consigna, ampliamente difundida a través de los teléfonos móviles, que echaban humo. "Ni la cabeza ni la cola", indicaban los mensajes. Y es que en la cola de esa lista figuraba Ángel Franco, otro dirigente capaz de levantar tantas filias como fobias entre sus compañeros, también abucheado cuando se supo de su destino en el comité federal.

Ya en la clausura, y en pleno discurso del secretario general electo, hasta en dos ocasiones surgieron desde el público voces discrepantes. Cuando Joan Ignasi Pla se empleaba a fondo en detallar su programa para relanzar el partido y recuperar la calle, se le preguntó sin tapujos: "¿Y eso con Cipriano?" A la segunda interrupción, Pla recogió el guante: "Sí, también con él, y con cuantos estén dispuestos a trabajar por el partido".

Lo más divertido fue la reacción de tres delegados al conocer la composición de la comisión de ética del PSPV. "¿Se puede pedir religión?", preguntaron. Las risas todavía resuenan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 24 de septiembre de 2000.

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