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Tribuna:

Insultos

Cuando un político es zaherido desde todos los bandos habrá que sospechar si ese político no tendrá la razón. Nuestra historia está plagada de ejemplos. Azaña fue el estadista más vilipendiado de su época: hoy su pensamiento es rapiñado por sus viejos enemigos. El general Franco logró morir en cama loado por la mayoría de los españoles que aún haría cola en el palacio de Oriente si no se hubiera retirado su cadáver. Pocos personajes han sido tan escarnecidos como Adolfo Suárez. Después de haber soportado las injurias de fascistas, socialistas, comunistas y de los barones de su propia coalición hoy pasa por ser un héroe de la democracia. A Paco Ordóñez se le consideró el patrón de todos los tránsfugas cuando fue el único que no cambió. Sus ideas económicas las aplicó la UCD, las utilizó el socialdemócrata Boyer y ahora le sirven todavía a Rodrigo Rato. Los chistes masivos contra Fernando Morán se convirtieron al final en respeto generalizado; en cambio Tierno Galván cuya fama sólo fue debida a unos bandos de alcalde llenos de chuflas consiguió el entierro más espectacular de la historia de España. Cuando en los primeros años de su mandato Felipe González no tuvo el valor de enfrentarse a la guerra sucia y la asumió institucionalmente, al tiempo que no percibía la corrupción que comenzaba a desarrollarse en su partido, entonces era ensalzado hasta la náusea por periodistas, intelectuales y artistas, los mismos que después le dispararon con una artillería pesada desde ambos flancos cuando precisamente ya había parado el GAL y trataba de atajar de forma agónica la corrupción. Ahora el PNV tiene al frente un chivo expiatorio que carga con los hechos terribles que suceden en Euzkadi. Ignoro si Arzalluz es tan hirsuto e inhóspito como parece. Tantos insultos concentrados contra él me hacen dudar. Sin duda Arzalluz cree que para marcar goles a ETA hay que adentrarse en el área de penalti, mientras el Gobierno quiere meter el gol de la victoria desde la mitad del campo. No entiendo nada. Sólo sé que hay guerra sucia abominable y política sucia detestable. ¿Me permiten una opinión de barbería de pueblo?: es con los violentos con quienes hay que hablar para convencerles de que no maten. Los demócratas ya estamos convencidos. Ésta es una guerra con semáforos. El PNV, Arzalluz, los curas: al final serán ellos quienes lo tendrán que arreglar. No los insulten.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de septiembre de 2000