TOUR 2000 Décima etapa

"Así sufrimos en los Pirineos"

La 'película' de la etapa contada por los propios corredores

La única etapa pirenaica del Tour arroja dos grandes alegrías (Armstrong y Otxoa), unas pocas sonrisas (Virenque, Beltrán, Beloki, Banesto, Kelme), un contradictorio resoplido (Ullrich) y una inmensa tristeza (el ONCE, tanto con Olano como con Jalabert). 205 kilómetros con muchas pequeñas historias y películas de la etapa particulares.El coprotagonista Javier Otxoa fue el más madrugador. Él empezó a vivir la etapa desde el kilómetro 50, con toda una eternidad por delante. Se unió a Nico Mattan (Cofidis) y cazó al inevitable Jacky Durand (Lotto). "He atacado para endurecer la carrera. Hasta ahora nos acusaban de estar muy pasivos, de que no intentábamos fugas. Pero nuestro terreno es éste". Primero se le soltó Durand. Luego, en la subida a Hautacam, se quedó Mattan. El resto lo terminó solo. "Todo me ha salido perfecto, ni soñándolo. Los últimos kilómetros se me han hecho muy largos". Viendo los ritmos de pedaleo de Otxoa y el de Armstrong parecía imposible, pero llegó con 42 segundos de ventaja.

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Lejos de Otxoa, el resto de corredores empezó la auténtica etapa más tarde. En el Marie- Blanque, los tanteos. En el Aubisque, los cortes. Y en Hautacam, la sentencia de Armstrong. "Ha sido una gran victoria", resumía el ciclista americano. Su referencia fue Pantani. Esperó el ataque del italiano para contrarrestarle. "Sólo tenía una posibilidad. Lo mejor era que cogieran tiempo los escaladores y entonces él podía salir", comentó más tarde el director del US Postal, Johan Bruyneel.

La caza de Otxoa

Hautacam fue la prueba definitiva. Allí nadie engañó. Cada uno dio de sí lo que pudo. Armstrong ya había quemado a Pantani, se había desprendido de los siete corredores del grupo intermedio y había iniciado la caza de Otxoa. Sólo le aguantó Jiménez. "El americano me pedía que entrara a los relevos", comentó el escalador del Banesto, "pero no podía ni seguirle". "Además, eso suponía perjudicar a Zülle. Zülle es mi líder".Por detrás, el pequeño grupo de escapados se deshizo según las fuerzas de cada cual y entraron en la meta en hilera: Virenque, Beltrán, Escartín (con el rostro crispado y la saliva cayéndosele), Heras (con la cara ennegrecida por el barro que expulsaban las ruedas). Más atrás, Beloki, el primer español de la general, el tapado de Juan Fernández. Y más abajo Ullrich, ahora escudero de Armstrong en el podio. "Él va a otro nivel", admitió el alemán. "No he podido seguirle ni un metro. He tenido que ir a rueda de Pantani, al que reventó. Se ha quemado intentando aguantar a Armstrong".

El líder del Telekom se resignó: "Al menos no he perdido tanto como en el Galibier hace dos años, con Pantani". Muy al fondo apareció la figura de El Pirata. Destrozado. Con más de cinco minutos perdidos con respecto al rey del Tour. Aun así, no tanto como los líderes del ONCE. "Ninguno hemos tenido un buen día", confesó Olano. Los rostros enseñaban su peor cara según se esperaba más tiempo en la meta. Otros ni llegaron (Vandenbrocke abandonó en el kilómetro 145, en el Aubisque).

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 10 de julio de 2000.

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