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Cofrades 'cum laude'

ESPERANZA PELÁEZLa Semana Santa es un acontecimiento democrático. Le pese a los sectores más críticos de la Iglesia o a los agnósticos denostadores de la fiesta, el caso es que imágenes, incienso, velas, flores y capirotes toman las calles durante seis días y la mayor parte del pueblo se vuelca a vivirla como mejor le parece.

En Málaga hay quien gusta de alquilar una silla en el recorrido oficial, quien prefiere asomarse a un balcón al paso de los tronos y continuar la fiesta dentro del piso el resto de la noche y quien busca confundirse en la marea de la calle. Desde lo alto esa masa de cabezas puede parecer homogénea, pero no lo es en absoluto.

Están los despistados que de repente se topan con la procesión justo cuando tratan de atravesar una calle para reunirse con los amigos que llevan dos horas esperando, qué horror, están los epicúreos que disfrutan tanto de la cañita en tal tasca como del paso de cual Cristo o Virgen, y están los cofrades cum laude.

Este tipo, por si quiere reconocerlo cuando se lo cruce, se caracteriza por lo siguiente: prefiere ir en grupos reducidos, viste ropa cómoda, maneja preferentemente el itinerario de Canal Sur, que es el más completo, y se lleva el bocadillo de casa para no hacer paradas, porque busca cada trono en el marco idóneo para verlo.

A pesar de que conoce todos los entresijos de cada cofradía, este tipo no es soberbio. Si al paso del Ecce Homo de los Estudiantes una señora despistada exclama: ¡Qué me gusta a mí el Cristo éste de los Gitanos!, el cofrade cum laude no le dedicará una mirada impaciente, sino que le explicará a la señora, con pelos y señales, todos los detalles del trono y, cuando éste termine de pasar, se disculpará amablemente para acudir a la cita con el siguiente en la otra punta de la ciudad.

El cofrade cum laude no empieza la Semana Santa el Domingo de Ramos. Antes de devorar el programa oficial ha visto todos los traslados y las procesiones no incluidas en la Agrupación de Cofradías. Ha revisado el adorno floral de cada virgen en su templo y ha leído y buscado en Internet todas las novedades del año. Para ser un cofrade cum laude hay que entrenar meses antes. Y es un tipo que va en aumento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 16 de abril de 2000.

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