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Elecciones 2000

El PSOE elegirá en julio a su nuevo líder Almunia afirma que los votantes les han castigado por no renovarse tras la derrota de 1996

Los líderes regionales del PSOE, los denominados barones, se hacen cargo del poder del Partido Socialista ante la dimisión del secretario general, Joaquín Almunia. De aquí al miércoles, los barones pactarán los nombres de las personas que compondrán el órgano de dirección o gestora que preparará el congreso ordinario para los días 21, 22 y 23 de julio. Almunia ha optado por la normalidad, dentro de la crisis que vive el PSOE por su derrota electoral, al no optar por un congreso extraordinario, que hubiera podido celebrarse en 40 días. Una de las causas del bajón de votos, según Almunia, es que los electores han castigado al PSOE por no acometer, tras las elecciones de 1996, el cambio, sobre todo en la dirección, que sus votantes reclamaban.

Durante algo menos de tres horas, la comisión ejecutiva federal discutió las causas de la derrota en estas elecciones, en las que el PSOE ha perdido 16 diputados y 1,6 millones de votos, y empezó a ordenar los pasos a dar tras la dimisión del secretario general. Todavía ayer, Joaquín Almunia llevó la voz cantante y sus propuestas fueron aceptadas. Primero convocó un comité federal para el próximo miércoles del que saldrá un órgano de dirección o comisión organizadora del congreso. En términos habituales del PSOE, ese órgano se denomina gestora. Desde ayer, con la dimisión de Almunia, todos los miembros de la Ejecutiva Federal dejan de ejercer su función, por lo que no hay órgano alguno que pueda nombrar a esa gestora. Así las cosas, entra en funciones el único poder real que queda, el que representan los líderes regionales. A partir de ahora, empieza el trabajo de los barones para pactar entre ellos la composición de ese órgano, que trabajará hasta el congreso de julio. ¿Quiénes son los barones? Sobre el papel serían todos los secretarios regionales. La responsabilidad fundamental recaerá en Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía; José Bono, presidente de Castilla-La Mancha, y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura. En el PSOE, y en todos los partidos, quien gana elecciones goza del respeto de toda la organización y ésta es la circunstancia de estos tres presidentes. La incorporación de otros tres nuevos mandatarios en el PSOE desde las pasadas elecciones autonómicas de junio provocará que el club de decisión se ensanche. Vicente Álvarez Areces, presidente asturiano; Marcelino Iglesias, presidente de Aragón, y Francesc Antich, presidente de Baleares, serán tomados muy en cuenta. Este órgano que surja el próximo miércoles del comité federal, además de conducir al partido hasta el congreso, tendrá la responsabilidad de elegir a los miembros de la dirección del grupo parlamentario. Este asunto no se puede demorar, pues las Cortes se constituirán el mes que viene y los socialistas tendrán que tener portavoz, secretario general y adjuntos. A Joaquín Almunia le ha venido bien, en aras de la difícil normalidad que quiere conferir a su dimisión, que el PSOE entre en tiempo de congreso ordinario el próximo junio. El anterior se celebró en junio de 1997 y estableció que el siguiente se celebraría entre "el tercer y cuarto año posterior al celebrado". Qué sucederá en ese congreso y quién será el secretario general son preguntas a las que Almunia respondió encogiéndose de hombros. El hasta ayer líder del PSOE abandona sus tareas con todas las consecuencias, aunque seguirá siendo diputado por Madrid, y lo mismo harán todos los miembros de la Ejecutiva Federal. Antes de que abandone su despacho, tras el comité federal del próximo miércoles, Joaquín Almunia trabajará en un documento, que presentará a ese órgano de dirección, sobre sus tres años de mandato y las posibles causas que han llevado al PSOE a esta severa derrota. "Uno de los elementos que ha dificultado nuestra conexión con el electorado ha sido nuestra incapacidad para resolver las causas de la derrota de 1996", adelantó Almunia. "Se nos exigieron cambios, y algunos hemos hecho, pero el electorado ha considerado que no eran suficientes y no han aceptado nuestras propuestas de cambio político cuando no han visto cambios en las estructuras y en las personas del partido". Al parecer, nadie rebatió ayer en la ejecutiva a Almunia cuando afirmó que el pacto con Izquierda Unida no ha tenido influencia "ni negativa ni positiva". A su juicio, los electores ya tenían una decisión tomada y han sido indiferentes a este acuerdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de marzo de 2000