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FÚTBOL Cuartos de final de la Copa del Rey

El Rayo saca tajada del Calderón El Atlético no supo cómo encontrar goles en una mala noche de Hasselbaink

ATLÉTICO 0-RAYO 0El Atlético vivió de las contadas apariciones, sublimes, de Valerón. También de las generosas carreras de Solari, rebosantes de fe. Pero, huérfano por una vez de la dinamita de Hasselbaink y de la imprevisible sutileza de Kiko, no le alcanzó para doblar al Rayo, que con un diseño a la defensiva sacó del Calderón un buen resultado. El 0-0 mantiene indecisa la eliminatoria, pero le concede a los vallecanos la ventaja del factor campo para la vuelta. El Atlético tuvo más iniciativa que fútbol. Intentó conectarse a base de combinaciones rápidas y en corto, pero éstas morían insistentemente antes de tiempo. El equipo de Ranieri apenas fue capaz de causarle rasguños a un rival que se empleó con tanta decisión como orden.Puso ganas el Atlético, pero no superó la ausencia de su munición más fiable. A Kiko, por ejemplo, le abandonó en esta ocasión su duende. Su presencia en las acciones que se inventaba Valerón, lejos de sumar, restaba. No mejoraba como de costumbre el jerezano los lances, sino que los empeoraba, los tiraba a la basura. Sin duda contribuyó a la falta de éxito del alma rojiblanca el aliento a su espalda de los rivales, pero también su propia falta de acierto.

Atlético de Madrid: Toni; Aguilera, Santi, Gamarra, Capdevila; Valerón (Baraja, m

78), Bejbl, Hugo Leal, Solari; Kiko y Hasselbaink.Rayo Vallecano: Lopetegui; Cota (Amaya, m.60), Clotet, Hernández, Alcázar; Ferrón (Míchel II, m.68), Pablo Sanz, Helder, Llorens; Míchel I; y Canabal. Árbitro: López Nieto. Mostró tarjeta amarilla a Bejbl y Hasselbaink, por parte del Atlético, y a Ferrón, Helder, Hernández y Alcázar, por el Rayo. Aproximadamente 15.000 espectadores en el Vicente Calderón. Cuartos de final de la Copa del Rey, partido de ida. Pese a lo que se había anunciado, los representantes de la Asociación de Veteranos del Atlético no ocuparon los asientos del palco, que volvió a permanecer vacío.

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Y al Atlético le faltó sobre todo Hasselbaink. El holandés no se entendió con sus compañeros y tampoco supo quitarse de encima la vigilancia enemiga. Ni siquiera fue capaz el célebre Jimmy de empotrar contra la red su terrorífico cañón. Tuvo media docena de oportunidades para mostrar su derecha, tres o cuatro faltas en la frontal de esas que ponen a la hinchada al borde del éxtasis al son de El puente sobre el río Kwai... Pero ninguno de sus disparos vio puerta. Tuvo trabajo Lopetegui, y lo resolvió con acierto, pero la autoría de los remates procedía de apellidos distintos al del holandés.

El Rayo lo pasó mal a ratos, especialmente en algunos minutos de la primera mitad, cuando Valerón cogía la pelota, la cubría de amagos y la despedía con algún pase certero, incluso algún que otro disparo. Contra el canario no jugó esta vez Ranieri quitándole en el descanso -el técnico italiano le permitió aguantar sobre el césped, más bien pegadito al flanco derecho, durante 78 minutos-, sino sus propios compañeros. No encontró esta vez compañía Valerón, ningún amigo que comprendiera sus deliciosas intenciones.

También lo pasaron mal los de Vallecas por el otro costado, el izquierdo, cada vez que Solari se dejó la vida por alcanzar el fondo. Tanto sufrió Cota con las incursiones del argentino, que Juande Ramos temió de veras que era precisamente por ahí por donde se le podía escapar el partido. Sólo por ahí, que lo demás, por muchos robos de pelota que lograran los rojiblancos, por muchas posesiones que acumularan, dio la sensación de tenerlo el cuadro rayista bajo control.

Pero Cota sudaba tanto para mantener sano y salvo su costado, que Juande se vio obligado a sacarlo del campo a la hora de juego. El cambio, una maniobra múltiple -le sustituyó por Amaya, que reforzó el centro de la defensa, pasó a Alcázar a la derecha, y bajó a Llorens al lateral izquierdo-, alivió a su equipo. A partir de entonces ya no existió más Atlético.

El Rayo probó suerte en algún que otro contragolpe, siempre por la izquierda (apertura de Míchel I, carrera de Llorens y centro de éste, solía ser el guión), obligó incluso a Santi a sacar un balón postrero de la misma raya, pero tampoco mereció más. El empate le valió para irse del Calderón con una sonrisa de oreja a oreja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de febrero de 2000