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El Mérida deja en ridículo al Madrid

Un gol de Zárate da la victoria a los blancos, que recibieron tres disparos al palo durante el primer tiempo

REAL MADRID 1-MÉRIDA 0

Real Madrid: Casillas; Salgado, Hierro, Karembeu (Redondo, m

46), Roberto Carlos; Ognjenovic, Helguera, Guti (Zárate, m.46), McManaman (Dorado, m.80); Raúl y Meca.Mérida: Raúl Iglesias; Unai, De Quintana, Pablo Alfaro; César, Mariano, Pedro, Marcos, Tal; Sinval (Abela, m.82); Prieto. Goles: 1-0. M. 53. Zárate controla con el pecho y marca de tiro cruzado tras centro de Meca. Árbitro: Fernández Marín (colegio valenciano). Amonestó a Mariano y Helguera. Partido de ida de los cuartos de final de la Copa del Rey. Unos 15.000 espectadores en el estadio Santiago Bernabéu. SANTIAGO SEGUROLA Madrid El Mérida dejó en ridículo al Madrid, que sobrevivió al partido -y lo ganó apuradamente- por dos razones que nada tienen que ver con méritos suyos. Por un lado, Prieto agotó toda la cuota de errores de un delantero centro. Cuota abundantísima en el caso de Prieto, que perdonó todos los remates en el área madridista. La mayoría eran tiros sencillos, frente a Casillas, o sin nadie enfrente, como su fracasado cabezazo en el minuto cinco. El balón salió alto ante la incredulidad general. Prieto falló tanto y de tan cerca que produjo un efecto contagioso sobre su otro delantero, Tal, un zurdo habilidoso que puso en evidencia a Míchel Salgado pero no logró superar a Casillas, que anduvo loco toda la noche, de atajada en atajada, viendo remates a los palos de su portería, aterrorizado por lo que pudo ser y no fue. La cuestión es que el Mérida zarandeó al Madrid en el primer tiempo como no lo ha hecho nadie durante la temporada, y con eso ya está todo dicho. Otra de las razones que se opusieron a una victoria clamorosa del Mérida hay buscarla en la parcialísima actuación del árbitro. La parcialidad se derivó de su complicidad con Hierro, que mereció la expulsión y cometió un penalti sobre Tal. Pero Fernández Marín atendió a los galones del capitán madridista y miró hacia otra parte en todas los conflictos relacionados con Hierro. Pero a pesar de lanzar tres tiros al palo, exigir lo mejor de Casillas y fallar varios remates sencillos, el Mérida salió derrotado de Chamartín. Jamás tendrá una oportunidad como ésta para destrozar al Madrid, que dio pena en el primer tiempo y se recuperó algo en el segundo. Suficiente para marcar y enmascarar su deficientísima actuación. El Madrid salió a jugar con una condescendencia para la que no está autorizado. No se puede esperar otra cosa de un equipo que no tiene ningún sentido de la autocrítica. Después de encajar cinco goles en Riazor, nadie reflexionó sobre las numerosas carencias del Madrid. Por el contrario, se festejó lo que se definió como una buena actitud, sin detenerse a pensar en los problemas que permitieron hasta una docena de ocasiones clarísimas del Deportivo. Hubo uno, Guti, que dijo que el partido de Riazor no significaba nada, que la Liga estaba al alcance del Madrid. Mientras el equipo siga instalado en la irrealidad, se podrán asistir a partidos como el de ayer. El Madrid no tomó en consideración al Mérida y mereció un escarmiento categórico. Pero Prieto y compañía dejaron pasar una oportunidad de hacer historia. El partido comenzó con un desvío de Prieto al palo. Fue el anuncio de un baile. Alrededor de Sinval, el Mérida destrozó al Madrid, que estaba de vacaciones. La defensa se hundió por todos los sectores, con Karembeu a la cabeza. El empeño de Del Bosque en colocarle como central es un misterio del fútbol, sobre todo porque Karembeu se empeña en desacreditar la opinión del entrenador con unas actuaciones lamentables. El entrenador no tuvo más remedio que reconocerlo. En el descanso, lo dejó en la ducha. A la espalda de Helguera y Guti, Sinval estuvo en plan Maradona. Jugaba, distribuía, tiraba sombreros, caños, lo que hiciera falta. Por la izquierda, el israelí Tal desbordaba siempre. Sólo faltaba un inspirado delantero centro. Si algo le faltó a Prieto fue inspiración, porque el hombre nunca encontró la portería. Con la quinta parte de Raúl, el Mérida se hubiera llevado el encuentro de tacón. El Madrid tiene suerte de contar con Raúl en estos tiempos de crisis. Le sirve para todo. Para armar alborotos en el área -un tiro al palo y una vaselina preciosa en el primer tiempo; un desmarque con un pícaro cabezazo en el segundo- y para sobreponerse al peor de los partidos por clase y abnegación en cualquier zona del campo. En el segundo tiempo jugó en el medio campo y también fue el mejor. Parece el único madridista instalado en la realidad. El único que no busca excusas para justificar lo evidente: que el Madrid no puede permitirse el lujo de la soberbia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de febrero de 2000

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