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FÚTBOL Final de la Copa América

Brasil da la lección magistral a su alumno

Los jóvenes de Uruguay bastante hicieron con no desentonar ante un rival muy superiorBRASIL 3

URUGUAY 0

Brasil fue el maestro y Uruguay el alumno. Los papeles estaban claros y no hubo cambios. Rivaldo, con dos tantos, y Ronaldo, con otro (ambos máximos goleadores del torneo, con 5), llevaron a su equipo, sin un solo cambio en todo el partido, a ganar una nueva Copa América con enorme facilidad. Uruguay, un equipo joven y de futuro, bastante hizo con ser finalista y no desentonar mucho. Se cumplió el guión anunciado. Los milagros son eso: milagros. Y también, desde el punto de vista religioso, hay que tener fe para creerlos. En el deporte, como en otras facetas de la vida, sería mejor referirse a hazañas. Más o menos asombrosas, con más o menos trampas, según se ha ido descubriendo en los últimos tiempos, pero hazañas. Humanas. Y tienen su mérito, y cuestan mucho. Por eso sólo las consiguen los elegidos y en escasas ocasiones.Uruguay, un pequeño país que no destaca en demasiadas cosas, sí lo ha hecho, desproporcionadamente para su tamaño, en el fútbol. Los orientales tal vez tengan, en porcentaje, el mayor récord deportivo de haber brillado al más alto nivel en uno de los deportes más grandes. Dos títulos mundiales y uno, sobre todo, memorable, en el templo sagrado de Maracaná, en Río de Janeiro, humillando en 1950 al todopoderoso Brasil en la final.

Brasil: Dida; Cafú, Joao Carlos, Antonio Carlos, Roberto Carlos; Emerson, Flavio, Rivaldo, Zé Roberto; Amoroso y Ronaldo

Uruguay: Carini; Del Campo, Lembo, Picún, Bergara (Guigou, m. 74); Coelho (Alvez, m. 56), Vespa (Pacheco, m. 46), Magallanes, Fleurquín, Callejas; Zelayeta. Goles: 1-0. M. 20. Falta desde la izquierda del área que cabecea Rivaldo al poste contrario. 2-0. M. 26. Nuevo centro, que para Rivaldo con maestría, quiebra al defensa y levanta ante Carini cruzando el balón al otro poste. 3-0. M. 46. Balón adelantado a Ronaldo que empalma al ángulo corto tras esperar el bote del balón. Árbitro: Ruiz (Colombia). Amonestó a Flavio, Callejas, Vespa, Joao Carlos y Guigou. No se llenó el estadio Defensores del Chaco de Asunción (Paraguay), por la ausencia de los anfitriones en la final. Unos 40.000 espectadores. Una radio portátil dio al portero Dida, aunque sin consecuencias.

Pero si aquello fue una hazaña y una gran sorpresa, también tuvo su explicación. Uruguay jugó con grandes figuras tapadas y Brasil, según cuentan las crónicas, se creyó que había ganado ya en el vestuario. Ninguna de las dos cosas se produjo ayer. Brasil anda ya muy escamado de perder partidos por prepotencia y juega incluso con excesivas precauciones, como empezó ante Argentina. Y Uruguay bastante mérito ha tenido en esta Copa América con llegar la final. Lo ha hecho sin sus estrellas de Europa, sólo con los jóvenes que brillaron en el Mundial sub 20 de Malaisia. Daniel Pasarella, el nuevo seleccionador opina que la clasificación para el próximo Mundial es lo prioritario (como para casi todas las selecciones suramericanas) y llegó a un curioso consenso con federación, jugadores y prensa uruguayas para no estar ni siquiera él en el banquillo, sino Víctor Púa. La Copa era el momento de empezar el relevo y no le ha ido mal. Pero vencer ya a Brasil era demasiado. En realidad, Uruguay sólo ha ganado un partido en el campo en todo el torneo. Incluso perdió dos en la primera fase y sólo en cuartos de final y semifinales pasó gracias al mayor acierto en los penaltis, en especial de su portero Carini.

Lo de anoche hubiera sido rizar el rizo y no fue posible. Aunque los jóvenes charrúas jugaron con desparpajo y hasta Zelayeta pudo marcar a los 18 minutos, Brasil jugó como el gato con el ratón. Dio toda la sensación de que apretó cuando quiso. Rondó con faltas al borde del área y tras una a Zé Roberto, Rivaldo, empeñado en quitar el protagonismo a Ronaldo, cabeceó el primer gol. Y aún quedaba lo mejor. El segundo fue una obra de arte, de esas que engrandecen el fútbol y pueden salvar muchos minutos en los que no pasa nada. Es difícil valorar qué fue mejor, si el toque para dejar muerto el balón tras el pase y romper la cintura del defensa, o la suavidad con que después lo levantó y cruzó ante Carini. Genial.

Uruguay pudo aún ponerle chispa al partido si el larguero no salva al batido Dida en un gran tiro de Del Campo al borde del descanso. Las subidas desde la defensa eran la única opción, pues Púa había renunciado al ataque, dejando sólo a Zelayeta y metiendo a un centrocampista, Callejas, por Alvez. Pero el balón no entró y sí lo hizo, en cambio, nada más empezar la segunda parte, el empalme enorme de Ronaldo. La ingenua defensa le dejó hacer todos los tiempos del remate como si se le hubiera olvidado todo lo que hacía antes del Mundial. Pero lo está recordando.

Y aún pudieron llegar más goles. De nuevo Rivaldo, Ronaldo y Zé Roberto. Pero tiraron fuera o Uruguay se salvó en el barullo cerca de la raya de gol. Hasta Carini le hizo un pelati de libro a Ronaldo, que el árbitro perdonó cuando aún faltaban 25 minutos de partido. Hubiera sido una escabechina y una humillación impropia de un maestro a un alumno. Para qué. Tampoco marcó Alvez en la mejor ocasión celeste. La lección había sido justa y suficiente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de julio de 1999