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Tribuna:

¿Son guapos los campeones? EMPAR MOLINÉ

A los 14 años yo ya era una mujercita muy desarrollada, de manera que papá pasó toda mi adolescencia despertándose a gritos por las noches cada vez que me daba dinero para una nueva minifalda: soñaba que él mismo me empujaba dentro del vestuario del New York Giants, y ellos cerraban la puerta y tiraban la llave. Papá no sabe que de mayor yo también he soñado no sólo con ese vestuario, sino con muchos otros. Con el del TDK Manresa y con el del Cotonificio de Badalona. Y con el del Galatasaray, con sus bigotudos muchachos. Sobre todo con el del Barça. ¿Se han preguntado alguna vez si son guapos los campeones? Les daré mi opinión de mujer, aunque vaya por delante que un campeón siempre es guapo (también tú, dulce Celades). Guardiola es de los atractivos, pero de cerca decepciona. Una se imagina que sería el más sucio y machote de la Liga, pero en lugar de escupir con los otros, se aparta para leer. Y no sólo lee, sino que lee poesía. Y no sólo lee poesía, sino que lee poesía catalana. Y no sólo lee poesía catalana, sino que algunos de sus poetas preferidos están vivos. En la categoría de guapetones pero no tíos buenos están los De Boer, tan dinámicamente yuxtapuestos. Siempre me ha gustado más Ronald y les diré por qué. Las mujeres tenemos fama de valorar la sensibilidad y Ronald es el clásico gemelo hipersensible. Ya saben lo que pasa con los gemelos; uno se come un arenque en Boston y el otro tiene que tomar sal de fruta en California. Basta con que uno de ellos se eche novia para que los tres tengan intensos orgasmos simultáneos. Por eso, cuando Frank juega de titular, su hermano, desde el banquillo, a su manera juega también. Y en fin, cuando Frank firmó su contrato, fue igualmente un gran día para Ronie. En cuanto a Reiziger, es un chico muy maduro para su edad, y eso siempre gusta. Fue un niño precoz. A partir de los cinco años cada vez que se comía una tostada lograba terminar siempre antes la parte de arriba. Rivaldo, en cambio, es un feo que resulta guapo aunque su cabeza parezca recién enmoquetada y a pesar de que si no fuese tan famoso, todas las nenas le confundiríamos con una muestra de césped artificial para terrazas. Me gusta Luis Enrique con su logrado aspecto de Madelman Legionario. Me gusta el étnico Kluivert, y me gusta tanto la mandíbula de Sergi que al verla me entran ganas de quitarme la vida por ella. Quiero salir con la mandíbula de Sergi, llevarla a la ópera, cederle el asiento, comprarle una pajita para que se tome un refresco, verla por dentro. Se dice de Òscar y Roger que aman a la naturaleza, y no me extraña después de lo bien que se ha portado con ellos. Según mis 50 mejores amigas, deberían ser proclamados mister camiseta sudada y mister camiseta sudada alevín. ¡Qué bien sudan, los puñeteros! ¿Se dan cuenta? Son todos muy guapos, aunque también son tan terriblemente transitorios que, al mirarlos fijamente, incluso yo empiezo a sentirme bastante incorpórea. En la categoría de monos juegan Hesp y Cocu. Hesp, por ejemplo, se parece a nuestro cuñado (un cuñado con el que todas querríamos destrozar el matrimonio de nuestra hermana, por otra parte). Lo de Cocu es más grave: ya sabrán que todos los clásicos juveniles tienen su versión porno, incluso Caperucita. Pues Cocu es como Tintín para mayores. La página más sucia y más cara de Internet. Nos queda Van Gaal. El hombre se cuida mucho el pelo y estoy segura de que ese rojo que tiñe sus mejillas es sólo rubor. Pero les juro que si me invitara a cenar y volviésemos paseando, yo sacaría la llave 12 manzanas antes de llegar a mi portal. No sería timidez. Sería miedo a que me agarrara por el cuello y se encargara de que nunca más volviera a ver el interior de un pepito de lomo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de junio de 1999