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BALONCESTO Fase final de la Liga ACB

El Tau salva el ultimátum

Estudiantes relaja su defensa y permite aflorar el talento del Baskonia

El Tau no dio opción a la duda. Pese a su derrota en el primer partido, es cabeza de serie y como tal se comportó. Quien falló ayer fue el Estudiantes, miniaturizado en un partido que duró poco más de 20 minutos. Los que necesitó el Baskonia en resolver las dudas meta físicas en que se enredó en el primer choque de la eliminatoria. Pese a todo, si los madrileños no se obsesionan con los motivos de su mal día, ni con la cantidad de concesiones con que obsequiaron a su rival la serie puede ir hacia un largo desenlace.

Lo poco bueno que se vio del equipo del Ramiro ayer ocurrió en los primeros minutos, en que el Tau alargó la agonía vivida el domingo. Se calcó todo lo ocurrido entonces. Su impotencia ante la enorme variedad táctica del Estudiantes, una actitud de los baskonistas propia de un pulpo en un garaje (manos blandas, pases poco limpios, en fin, pastosidad).

Pepu Hernández volvió a sorprender a Sergio Scariolo de partida. Puso a Azofra de nuevo muy encima de Bennett y le quitó su privilegiada vista panorámica. El Baskonia, casi cegado, siguió atado a su losa de responsabilidad (perder también el segundo partido significaría para él una partida de defunción) y al corsé que le impuso el Estudiantes. Hasta que el Tau puso en cancha a tres suplentes, más dados a la defensa que a la creación. Millera, Angulo y Garbajosa levantaron el partido para los vitorianos. Cogieron el marcador en un 12-16 y lo enderezaron (34-25, minuto 17).

Sin la carga del miedo a perder de los vitorianos, el choque y la eliminatoria cambiaron de curso. El campeón de Copa recuperó la seguridad en sí mismo y el Estudiantes no supo esta vez parar la hemorragia (40-30 en el descanso). Para entonces, alguna de las armas más importantes del Tau ya se habían desencasquillado. Espil se retiró con 18 puntos; Bonner recuperó presencia fisica.

El Estudiantes cayó en su propia idiosincrasia. Llegó a las eliminatorias por el título con fama de ser el más irregular de los ocho. Y, efectivamente, lo demostró. Lejos de reponerse en la segunda parte, fracasó en el lado psicológico. Llegó a ceder una renta de 26 puntos (78-52). No hubo noticias de esa fortaleza mental que le había permitido resistir el domingo los dos embates baskonistas. Tampoco de ese rebote ofensivo inapelable, ni de su defensa agobiante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de abril de 1999