Cartas al director
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Barreras arquitectónicas contra minusválidos

Ahora, por fin, los periódicos definen si las salas de cine tienen o no acceso para minusválidos, en un año en que no debería hacer falta esa puntualización pues debería ser obviamente obligatorio que todos pudiéramos acceder a la Cultura, como bien común. Elegimos una sala de estas características el otro día, mi amiga y yo. Ella con silla de ruedas y yo con una movilidad reducida. Sacamos dos entradas, tras hacer un esfuerzo importante para subir el peldaño que eleva el cine de la acera de la calle, y entramos.El portero nos dijo entonces que había escaleras para subir a la sala elegida y que debíamos cambiar la entrada.

Intentamos entrar en la sala contigua dentro del mismo cine, pero ésta según información del portero, tenía peldaños dentro de aquélla.

De las cinco salas que tenía el local, sólo podíamos acceder a dos para ver dos películas que no nos interesaban pero que llenarían la boca a cualquier político diciendo que la cultura es para todos y que el abanico para elegir es amplio y que la normativa y su cumplimiento favorecen a los más necesitados.

Finalmente, nos abonaron la entrada y nos tuvimos que ir.

¿Tan difícil es que a las puertas de un nuevo milenio y, en plena democracia en un cine céntrico, en la calle Fuencarral, en la capital de España, catalogado de fácil accesibilidad esto sea verdad y podamos los "menos perfectos" elegir también?

¿No va a haber nadie nunca que sienta de verdad que la cultura es un bien común y un derecho, y que se responsabilice y haga cumplir las normas por incómodo que resulte?

Nunca sería tan incómodo como tener que irse sin ver ninguna película- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de febrero de 1999.

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