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Reportaje:

Las mujeres no quieren pasarse la vida al volante

Mientras ellos suspiran por vivir en el campo y alejarse de la ciudad, ellas están de vuelta de los adosados y de las urbanizaciones. Prefieren las distancias cortas en las que todo cuanto necesiten esté a la vuelta de la esquina. Cuando el hombre de la casa habla de calidad de vida está pensando sobre todo en respirar aire puro. Para ellas la calidad de vida significa trabajar menos horas y no tener que recorrer distancia enormes para comprar la comida. En el orden de valores de las mujeres, la funcionalidad ocupa uno de los primeros puestos. Ellas prefieren formas de vida en las que no tengan que pasar horas de su tiempo al volante o, lo que es más frecuente, en la parada del autobús. Pero esta forma de vida no es posible con el actual modelo de ciudad. Esta es la cuestión que abordan, en Las mujeres y la ciudad, la urbanista Anna Bofill, la historiadora Isabel Segura y la presidenta de la Fundación Maria Aurèlia Capmany, Rosa Maria Dumenjó. El libro nace con la voluntad de que se oiga la voz de esa mitad de la población que se ha convertido en la usuaria pasiva de una ciudad diseñada con mentalidad masculina. Teorizan poco, pero ponen muchos ejemplos de la ciudad que ellas querrían -y que desearían compartir con los hombres-, sobre cuyo diseño tienen muchas cosas que decir. Si el siglo que está a punto de acabar dicen que es el de la revolución de las mujeres, no se explican por qué sus puntos de vista cuentan tan poco a la hora de proyectar el espacio urbano o unas viviendas que siguen pensadas para la familia tradicional pese a que cada vez son más las personas que se inclinan por otras formas de convivencia. Tampoco comparten el actual modelo de movilidad, basado en el transporte privado, y la poca atención que merece el transporte público, del que las mujeres son las principales usuarias. Constatan que el camino recorrido es esperanzador, pero alertan contra una autocomplacencia excesiva cuando falta tanto trecho por recorrer y recuerdan que es muy difícil hacer entender a "los señores" que hay otras formas de abordar los problemas, que es posible feminizar el espacio. Las autoras del libro parten de la base de que planificar el territorio no es cosa exclusivamente de los técnicos, sino de las personas que lo habitan. Los asuntos que han sido objeto de debate en los seminarios organizados en distintas ciudades españolas y europeas por la Fundación Maria Aurèlia Capmany se resumen en la publicación, que sus autoras presentan en forma de "manual de recomendaciones para una concepción del entorno habitado desde el punto de vista del género". Las reflexiones que recoge han sido formuladas por ciudadanas de a pie, profesionales y mujeres que intervienen en política.Todas ellas coinciden en que la ciudad está construida aún hoy "sobre un imaginario que pretende que el hombre trabaje y la mujer se quede en casa realizando un trabajo no remunerado", algo que "ya no corresponde a una realidad en la que el 37,79% de la población femenina tiene trabajo remunerado". Al referirse a la ciudad soñada el libro plasma los aspectos que consideran fundamentales: Vivienda. La arquitecta Anna Bofill destaca el concepto de "flexibilidad" porque considera imprescindible que las viviendas se adapten a cada etapa de la vida de sus ocupantes. Es preciso que las paredes puedan ser de quita y pon, que la vivienda pueda modificarse en función de las necesidades del momento y que "la estructura exterior permita introducir cambios en el interior". Bofill recuerda que en Europa el 50% de la población se inclina por fórmula de convivencia alternativas a la familia nuclear: mujeres con hijos, solteros, jubilados. Sin embargo, los pisos continúan haciéndose a la medida de la familia nuclear. Opina que hay que revisar la normativa sobre viviendas sociales de forma que el arquitecto lo tenga más fácil para ofrecer viviendas a la carta en función de las necesidades del destinatario. Espacio urbano y ciudad. Defienden un modelo de ciudad "compacta", donde todos los servicios estén a mano. Un modelo en las antípodas de la ciudad dispersa norteamericana, que tiene en la caótica Los Ángeles su prototipo y a la que se está acercando peligrosamente el área de Barcelona. Saben que nadan contracorriente porque el actual urbanismo tiende a diseminar la metrópolis por usos: en un lugar sitúan las oficinas, en otro las industrias, más allá los servicios y en un plano más alejado, la zona residencial. Las mujeres consultadas reclaman "espacios intermedios", que son aquellos que discurren entre el domicilio y la calzada, a modo de salón colectivo, que invitan a los adultos a relacionarse y a los niños a jugar. De su ciudad ideal, las mujeres destierran "las calles del miedo" con poca luz y donde sólo hay viviendas o fábricas. Movilidad. El transporte público debe tener prioridad frente al privado. Proponen planificar el territorio a partir de criterios de multifuncionalidad, que permita combinar los diversos usos residencial, industrial y de servicios reduciendo al máximo las distancias entre ellos para que puedan recorrerlos a pie. Declaran la guerra a los pasos subterráneos y túneles para peatones poco iluminados y defienden la creación de aparcamientos disuasorios en zonas periféricas de la ciudad bien conectadas con la red de transportes públicos. Las mujeres y la ciudad ha aparecido intencionadamente justo en el momento en el que los partidos políticos preparan sus programas electorales. Aspiran a que sus propuestas se tengan en cuenta, y para ello tienen previsto hacer llegar sus sugerencias a todas las fuerzas políticas. Las autoras han invertido dos años en el proyecto. El trabajo ha sido cofinanciado por la Unión Europea dentro del Programa de Acción Comunitario para la Igualdad entre Mujeres y Hombres. Bofill, Segura y Dumenjó han sido las coordinadoras, pero en la discusión y elaboración de propuestas han intervenido centenares de personas de una larga lista de localidades catalanas, vascas y madrileñas. Las participantes en el proyecto aspiran ahora a que su forma de ver la ciudad sea tenida en cuenta a la hora de tomar decisiones estratégicas sobre urbanismo o sobre modelo de crecimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de enero de 1999