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Crítica:'FERNÁNDEZ Y FAMILIA'

Una familia (poco) tronada

El pensamiento único no es sólo un concepto político. La telecomedia española está también sometida a una fórmula invariable que la obliga a ser prácticamente igual a las anteriores. Ante el éxito de la producción Médico de familia, las cadenas públicas y privadas se ajustan a un modelo de comedia irónico ternurista que, en ocasiones, redunda en perjuicio de proyectos que podrían haber estado muy bien. Ése es el caso de Fernández y familia, serie que Tele 5 emite a diario, desde el pasado lunes, a las ocho de la tarde.Fernández y familia tiene un punto de partida no muy original, pero de innegable eficacia: la llegada a un edificio ocupado por burgueses estirados de una familia atrabiliaria que ha heredado el piso de una tía recién fallecida. Esa familia la componen una madre con ínfulas de diseñadora de modas, un padre que trabaja en un restaurante aunque su pasión es la de ejercer como árbitro de fútbol, una hija adolescente que acaba de llegar de Londres y dos hijos menores que ella que, una vez más, han sido expulsados del campamento de vacaciones a causa de su tendencia natural al gamberrismo.

Este grupo humano no tarda en chocar con sus vecinos más inmediatos (una pareja de pijos que les confunden con un grupo de okupas y los denuncian a la policía), dando origen, sobre el papel, a todo tipo de situaciones divertidas.

Los Fernández, lamentablemente para el espectador, no son los Flodder. De hecho, son personas bastante normales que no dan miedo a nadie. Sus vecinos no son los Roper. Y la pugna entre ellos resulta escasamente convincente. Da la impresión de que en Fernández y familia no se han querido cargar las tintas, no se ha querido explotar la vena de delirio que una familia más tronada podría haber ofrecido a la imaginación de los guionistas (ocho aparecen en el primer episodio).

La presencia esporádica de algunos gags eficaces permite deducir que el pensamiento único que rige nuestras telecomedias impide a los guionistas ir más allá. Y es que en Fernández y familia, como en el resto de productos del género, el riesgo no se contempla. Y en este caso es una pena, ya que en Fernández y familia se adivina el embrión de un producto realmente divertido al que se mantiene dentro de unos límites que alguien ha decidido que son necesarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de agosto de 1998