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OCTAVOS DE FINAL DE LA COPA DEL REY

El Alavés humilla al Madrid

Un equipo de Segunda elimina de la Copa al conjunto de Heynckes, que confirma su pésimo estado

Entró el himno del Madrid a todo trapo para apagar la levantisca de la hinchada, pero no hacía falta. Un silencio espeso, de absoluta incredulidad, pesaba sobre Chamartín, donde el Madrid salió eliminado por el Alavés. Así es la Copa, un torneo inmerecidamente maltratado en España. La Copa tiene algo de instantáneo, irremediable y heroico que necesita cultivarse. Para el Alavés fue una noche histórica: marcó un gol en la salida del partido y lo defendió con bravura y dignidad ante el desconcierto del Madrid, que no se enteró de la trascendencia del partido hasta el segundo tiempo.Aunque el Madrid edificó su eliminación con su desidia en el partido de Vitoria, el de ayer sirvió para confirmar el carácter misterioso de la Copa y el pésimo estado del equipo de Heynckes. En términos de emoción, sorpresa y generosidad con el débil, ningún torneo es comparable a la Copa, escenario de resultados sorprendentes y gestas extraordinarias. Así debe calificarse la hazaña del Alavés, que retiró de la circulación al Madrid y todo lo que significa: la historia, el prestigio, las estrellas, el estrépito que rodea a todo lo que sucede en el club. El estrépito se escuchará ahora por la eliminación del equipo, que atraviesa una crisis pronunciada. Comienzan a abrirse fisuras alrededor del entrenador, se escuchan las opiniones inoportunas de algunos directivos de salón, se advierten facciones en el equipo, se enfada la hinchada, que no se traga un sapo como el de ayer.

El partido tomó un rumbo imprevisto con el gol de Pedro Riesco. Si al Alavés se le tiene como un equipo compacto, aguerrido, duro de pelar, el tanto alimentó todavía más esas cualidades. En la primera parte sólo necesitó del orden para mantenerse firme frente a la ofensiva del Madrid, que resultó desvaída, en medio de un juego lentón y espeso que desesperaba a su afición. Fue el mismo equipo de los últimos tiempos, incapaz de meter algo de fiebre a su fútbol.

La rápida contestación de Roberto Carlos en el gol del empate no tuvo efectos significativos sobre el juego. El Madrid, siguió con su aire fatigoso y con los futbolistas en frecuencias diferentes. Panucci, por ejemplo, tiró todos los centros de este mundo, ollazos sin cuento que no tuvieron ningún resultado. En el medio, Redondo se empleó con una violencia innecesaria, hasta el punto de salir bien librado con una amonestación. En la derecha, Víctor fue un peso ligerísimo, lo mismo que Suker, que abundó en su descrédito. Raúl buscaba por su cuenta una solución a los problemas generales del equipo, pero había un punto de cerrazón en todas sus incursiones. El panorama sólo lo aclaraba Roberto Carlos, que metió a la defensa del Alavés en innumerables problemas con sus penetraciones.

Entre la cadena de errores del Madrid y su resistencia a quebrarse, el Alavés superó el primer tiempo sin demasiadas dificultades. Con sus cinco defensas y los dos medios defensivos por delante de la zaga, nunca se descosió. El balón le resultó circunstancial. Y como es notorio en la Copa, siempre hay un héroe para este tipo de partidos. El protagonista del encuentro fue Leal, un portero veterano, curtido en mil batallas, que vivió la noche de su vida. En el escenario soñado, Leal realizó cuatro intervenciones decisivas para el curso de la eliminatoria. Porque la tromba del Madrid en el segundo tiempo fue tremenda en algunos momentos del segundo tiempo, pero ocasiones se vieron pocas. Lleno de excitación y metidísimo en el partido, Leal salvó todas las que hubo.

La disposición del Madrid en el segundo tiempo fue sustancialmente mejor. Sanchis entró en la defensa y actuó con la serenidad que necesitaba el equipo; Redondo se dejó de tonterías y dirigió las operaciones con más criterio; Roberto Carlos continuó en Roberto Carlos. Con el segundo gol, pareció que el Madrid arreglaba la eliminatoria. Durante diez minutos, llegó a jugar bien, explotando los costados, pero Heynckes cometió un error. En lugar de encontrar espacios para perforar el blindaje de la defensa del Alavés, comenzó a meter delanteros. Entró Alvaro en una decisión dudosa, porque es un jugador que no ha jugado en el último año y se veía inmerso en un encuentro de la máxima trascendencia. Después de que Dan¡ entrara, por Victor, el Madrid tenía cinco delanteros -Dani, Suker, Morientes, Raúl y Álvaro- que terminaron congestionados, sin sitio para maniobrar y encontrar las vueltas a la defensa del Alavés, que recibió con satisfacción la oleada de pelotazos que se disparaban sobre su área. Al error de Heynckes, se añadió la ansiedad y la decepcionante actuación de alguno, como Suker, que no encuentra la manera de reaccionar.

En medio de la histeria general -el Madrid no veía la forma de superar a su rival, el Alavés vivía angustiado por la marejada madridista y los hinchas se mordían los puños- el partido se encaminó hacia su sorprendente final. El Alavés, un equipo de Segunda División, sobrevivió al Madrid, a sus estrellas y a la mística de su estadio. Cosas de la Copa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de enero de 1998