En el país de Kafka
Un paso más hacia la cultura en Praga, decía ayer la poderosa estación ABC -por Canal +, a las 7.30-: el primer canal privado de televisión. El empresario de ese canal es de Estados Unidos, y le oí decir de sí mismo que él no es culto y ni siquiera inteligente, lo cual, añadía, es una ventaja porque así conecta con el público. Si el vulgo es necio, importa hablarle en necio, decía Lope, que era inteligente y culto, pero bastante fresco y uno de los culpables de la reducción cultural en el teatro español. Se explicó bien el tema: los checos no habían gozado del tipo de cultura que reúnen los Picapiedra, Dallas o Chicago -se pasaron secuencias: un mosaico inquietante- por la presión comunista y por el nacionalismo del Estado. Ahora cambiará todo. Este canal va a dar noticias checas y alguna película del país -tiene un glorioso cine, antes y después del comunismo; antes y después de la rotura de checos y, eslovacos; y una cultura teatral y literaria de la gran cepa centroeuropea-, pero todo lo demás va a ser americano.Viendo estas rápidas imágenes de lo que se les viene encima, las eché de menos. Qué buenos tiempos, los de Dallas. Qué grandes, los de la comisaría de Hill Street -se repone en el canal Álbum de Canal Satélite-, o los de aquellos terribles vinateros, en Dinastía. Han sido sustituidos por espacios más imbéciles. El nacionalismo televisivo lo ha perdido todo, ha devorado grandes actores españoles y talentos de guionistas, se ha llevado por delante los últimos residuos de interés. Compra lo peor de fuera.
La teoría lopesca del público idiota, que además de desesperante es ofensiva, la lanzó aquí la televisión del Estado, antes que las privadas, que han corrido tras ella. Ya sé que la mayoría del público español es ignorante, inculto:se ha trabajado mucho para conseguir que sea así, desde la caída de la República -aún antes de ella los partidos políticos de la izquierda luchaban por la cultura como camino hacia el nivel de vida-, pero dudo de que- sea tonto. Más bien creo lo contrario: que tiene la inteligencia natural de los pueblos maltratados durante siglos, y una intuición acumulada de tantas razas como nos ocuparon. No creo que más que los checos; tampoco menos. Puede que dentro de cuarenta o cincuenta años los checos pueden volverse también ignorantes. Esta última colonización que sufrimos todos viene con mala intención.


























































