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CONFLICTOS EN EL PSOE

Rebelión en el PSOE valenciano para echar al líder regional a los cuatro meses de su eleccion

Valencia
Un sector del socialismo valenciano, formado por seguidores de Cipriá Ciscar y Joan Lerma, reabrió ayer la brecha abierta en el PSPY en su último congreso. Apenas cuatro meses después de la elección del nuevo líder regional, Joan Romero, se presenta contra él una moción de censura. La Ejecutiva Federal del PSOE circunscribe únicamente los conflictos que vive el partido a los enfrentamientos en la Comunidad Valenciana, Madrid y Cantabria, pero reconoce que el proceso abierto en el 34º Congreso Federal no concluirá con el último congreso regional, sino con la plena pacificación de todas las organizaciones socialistas. En Galicia, donde las discrepancias están relacionadas con la reciente derrota electoral, algunos dirigentes advierten que la crisis no está, ni mucho menos, cerrada y puede resurgir de inmediato.

La segunda federación del PSOE por número de miliitantes se halla partida por la mitad. Ayer, 9 de los 24 secretarios comarcales, recién elegidos en sus respectivos congresos, presentaron una moción de censura contra el der regional del partido, Joan Romero, elegido hace menos de cuatro meses en una pugna con Joan Lerma -quien ocupaba la secretaría general desde hacía 18 años- y Cipriá Ciscar, en la que venció por sólo tres votos de diferencia. La moción de censura, promovida con rapidez inusual y que reabre s enfrentamientos en el seno del partido, será debatida el 22 de noviembre.

Joan Romero proclamó en su toma de posesión como secretario general de los socialistas valencianos que el debate se había acabado "hasta el próximo congreso". La realidad no ha secundado sus deseos. Desde entonces, los seguidores de Joan Lerma, secretario federal de Política de Empleo, y de Cipriá Ciscar, secretario de organización del PSOE, han aunado esfuerzos y han llevado la pugna del congreso regional a todos los congresos comarcales que se han celebrado hasta ahora. Ayer, culminado el proceso congresual, nueve secretarios comarcales del PSPV se presentaron a mediodía en la sede de la organización con un documento suscrito por 89 miembros del comité nacional, sobre un total de 147, como delegados de "una nueva mayoría sin etiquetas".Entre los argumentos en favor de su moción destacaron que "un partido dividido no puede ganar elecciones", que "no existe una política coherente de oposición frente a la derecha valenciana" y que "la incapacidad de conseguir la cohesión interna ha fomentado la ruptura y la división". Los secretarios comarcales afirmaron que en la militancia existe "frustración y desánimo", y destacaron la necesidad de constituir "una mayoría sólida" para arrebatar el poder a la derecha.

La propuesta de los capitanes del socialismo valenciano viene avalada por Ciscar y Lerma, y persigue la constitución de una comisión gestora en la Comunidad Valenciana, que sería designada, como ordenan los estatutos, por el secretario de organización del PSOE. El hecho no tiene precedentes entre los socialistas valencianos desde que el propio Lerma planteara una cuestión similar en 1979 contra el entonces secretario general, Joan Pastor.

"Una moción anunciada"

Joan Romero no se mostró especialmente sorprendido por la maniobra. "Era una moción anunciada desde la celebración del congreso", dijo, pero la calificó como "un hecho insólito". Según el actual secretario general, la propuesta carece de "argumentos políticos" reales. Y apuntó a Lerma y Ciscar, aunque con cuidado de no mencionarles: "Dos miembros de la organización han participado activamente en reuniones para hacer realidad este paréntesis y volver a concentrar las energías hacia el interior del partido". "La propuesta es destructiva", añadió, "y pone de manifiesto la concepción del partido alimentada por supuestos clientelares antes que por los intereses de militantes y simpatizantes".Romero llegó a denunciar presiones de sus enemigos hacia miembros relevantes de la organización. Ante la división de la organización, Romero apostó por la urgente convocatoria del comité nacional para resolver la crisis de inmediato. El secretario general apeló a "las ideas" por encima de "los intereses" y anunció que, de permanecer en el cargo, luchará por "cambios profundos" en el Partido Socialista del País Valenciano.

Joan Romero anunció que será leal a la futura gestora, si resulta derrotado, pero desde una posición "crítica", para evitar la convocatoria de un congreso extraordinario a la medida de sus detractores. Y lanzó una advertencia hacia posibles interferencias desde la ejecutiva federal del PSOE: "No vendrá nadie de Madrid a resolver nuestros problemas. Los problemas se resolverán de forma autónoma para que los socialistas valencianos sean cada vez más PSPV".

Romero ocupó la vicesecretaría general del Partido Socialista del País Valenciano en el congreso celebrado en 1994, cuando Joan Lerma esgrimió la bandera de la renovación en el seno del partido. Seis meses antes del último congreso, abandonó la organización desmoralizado por la ausencia de cambios reales y estuvo a punto de renunciar a su escaño como diputado y como portavoz socialista en la Comisión de Educación del Congreso. El poder de persuasión de Joaquín Almunia, entonces portavoz del PSOE en el Congreso, fue decisivo para que permaneciera en el cargo. En ese momento optó por el asalto al poder de la ejecutiva socialista valenciana.

Desde que desplazó a Lerma, Romero ha tenido que lidiar con algunos asuntos pendientes que se han tornado en su contra. Los socialistas valencianos plantearon una oposición frontal a la modificación de la ley autonómica de Cajas (le Ahorro que presentó Eduardo Zaplana (PP), presidente de la Generalitat. La ejecutiva federal se resistió a apoyar la posición del PSPV porque Manuel Chaves, en Andalucía, presentó una iniciativa similar a la de los populares valencianos. A última, hora, Joan Romero se vio obligado a pactar con el PP y afrontó acusaciones de "entreguismo".

Zaplana también ha sugerido alejar del debate político el conflicto lingüístico entre defensores y detractores de la identidad del valenciano y el catalán, para dejarlo en manos de un órgano consultivo de la Generalitat. El apoyo de Romero a tal iniciativa se ha utilizado igualmente para atribuirle una posición de debilidad ante los populares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de octubre de 1997

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