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TOUR DE FRANCIA 97

Arsenio, el más viejo, dice adios

Cuando todos sus colegas -Unzaga, Etxabe- decidieron retirarse el año pasado al producirse la revolución en el Mapei, Arsenio González se lo pensó mejor y se comprometió a apurar su carrera un año más. Fichó por el Kelme, su primer equipo profesional. Su ilusión era correr un último Tour. Logró su objetivo, pero por poco tiempo: en el kilómetro 5 de la segunda etapa ha tenido que hacer las maletas. Pero antes de entregar su dorsal y de sentarse, en el segundo coche del equipo, el corredor más veterano de este Tour (37 años) apuró todas las posibilidades. Una víctima más de la caída del domingo.Apareció por la mañana en la salida totalmente cojo. Joan Mas, el preparador del equipo, le tuvo que ayudar a montarse en la bicicleta, y Arsenio, cuesta abajo, con los pies en el aire, se fue a ver a la fisioterapeuta del Tour. Antes contó su aventura. "Vi la montonera y logré evitarla pasando por la cuneta de la izquierda, pero, de repente, se me echó encima otro corredor y di una vuelta de campana. Me deslomé", dice.

Como resultado, los músculos de la ingle se le cruzaron y no hubo forma de ponerlos bien. Hasta pasó por las manos Mágicas de Miguel Angel, el masajista ciego de la ONCE, pero ni caso.

Cuando volvió de visitar a la fisioterapeuta, Arsenio le dijo a Mas: "Vale salgo, pero ponme la bolsa en el segundo coche, por si acaso". A los cinco kilómetros no pudo más.

El Tour se queda sin su ciclista más viejo y Fernando Escartín sin un gran gregario. Un hombre de experiencia infinita que ya fue fundamental para que Tony Rominger ganara sus tres Vueltas y su Giro.

Fueron los últimos chepazos del Correcaminos, el apodo que le ha puesto su gente en Bilbao.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de julio de 1997