Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Valdano insta a Roig a que se defina sobre su futuro

"Odio la hiprocresía. No quiero que se prolongue esta situación". El todavía entrenador del Valencia, Jorge Valdano, respondía así al estado de ansiedad en el que vive en el club de Mestalla, después de que desde distintos sectores de la entidad se apunte a su inminente destitución. Valdano habló en pasado de su etapa de seis meses en el Valencia, como si la diera por concluida, pero mantuvo a su vez una ligera esperanza de continuar: "Si paso este corte, creo que acabaré los dos años que me restan de contrato. De continuar aquí, cambiaría muchísimas cosas. No quedarían ni los percheros".

En una brillante exposición, el técnico explicó gráficamente su situación: "Con un pie fuera o con los dos fuera, pero nunca con los dos dentro", y se lamentó de que el presidente de la entidad, Francisco Roig, no se haya dignado siquiera a dirigirse a él para explicarle cuáles son las intenciones del club.El presidente Roig es partidario de la destitución desde el pasado sábado, cuando el Valencia cayó en Vallecas ante el Rayo (3-1), pero de momento no se ha atrevido. Sobre todo en espera del regreso a Valencia procedentes de Brasil del secretario técnico de la entidad y cuñado de Roig, Jesús Martínez, y del consejero con más influencia en el presidente, Jaime Molina, ambos firmes defensores de la continuidad de Valdano. También el vicepresidente del club, Pedro Cortés, está a favor del técnico.

Sin embargo, en el Valencia reina ahora mismo una inestabilidad creciente, con el propio Roig cuestionado por gran parte de la afición y por un grupo de oposición dirigido por el alcalde de Xátiva, Alfonso Rus, del PP, a punto de precipitar una moción de censura. Todo está en el aire y el presidente vive momentos de máxima tensión. Sabe que cualquier decisión puede resultar definitiva para su continuidad en el cargo Roig ha hablado con el ex técnico deportivista John Toshack, y está a la espera del descarte del Real Madrid, o bien Jupp Heynckes o bien Guus Hiddink.

La elección depende de muchos factores, pero hay uno de terminante: Romario, el delantero brasileño cedido por el Valencia al Flamengo hasta final de temporada. El peso de Romario en la postura de Roig se constata en el viaje que este último realizó a Lyon el pasado martes. Allí, el dirigente le comunicó al brasileño su intención de destituir a Valdano. Al jugador, en cambio, no le pareció tan buena idea.

La opinión de Romario

Romario piensa que el técnico hispano-argentino es de los pocos entrenadores capaces de entender su singularidad como futbolista. Romario le advirtió a Roig que le tuviera en cuenta a la hora de fichar nuevo entrenador, que fuera alguien que le entendiera. Y en este aspecto toma fuerza la opción de Hiddink, con quien coincidió el brasileño en el PSV Eindoven. "Me enorgullece el apoyo de Romario", dijo Valdano, "pero un jugador, por muy importante que sea, no puede tener peso político en un club serio".

Acusado privadamente por Roig de haber perdido el apoyo de los jugadores, Valdano admitió la desconfianza de "más de la mitad" de la plantilla, pero la justificó en el hecho de que se trata de los jugadores "que saben que no van a seguir en el equipo". El preparador se lamentó de que los fichajes consumados para la temporada que viene (Gerard, Djukic y Saib) caigan ahora en manos de un entrenador con otra visión del fútbol.

Preguntado sobre Roig, el técnico indicó que no necesita el afecto del presidente, sino tiempo para formar un equipo propio. Y añadió que la crisis como sistema le está haciendo mucho daño al club.

Valdano insistió en asumir sus responsabilidades: "No estoy contento con lo que he hecho. El equipo no ha empeorado, pero tampoco ha mejorado" aunque encontró atenuantes: "A mitad de camino es muy difícil corregir la dirección", y recordó las recientes experiencias de Nevio Scala en el Peruggia y Arrigo Sachi en el Milán. A modo de epílogo y en un guiño a la afición, Valdano aseguro sentirse "en deuda con la gente de Valencia". Una deuda que pensaba pagar algún día, aunque fuera "dentro de dos décadas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1997

Más información

  • El presidente es partidario del cese