Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
LIGA DE CAMPEONES

Gran golpe alemán

El Borussia acaba con la supremacía del Juventus

Nunca se espera de un equipo italiano que se escurra en un córner, en una desatención a un centro y en un contragolpe, las tres maneras que encontró el Borussia de Dortmund para derrotar al Juventus en la final de la Copa de Europa. Es la primera vez en dos años que La Juve ofrece un lado vulnerable. Su hegemonía durante este periodo ha sido tan apreciable que apenas podía pensarse en un resbalón ante el Borussia, un equipo menos dotado de menos recursos, pero con las virtudes típicamente alemanas: convicción, entusiasmo. y un sentido de la puntualidad que volvió a acreditarse en la final. Marcó tres goles en cuatro llegadas. El resto del partido lo disputó en una guerra fragorosa, de fútbol fuerte, sin concesiones estéticas. Un equipo alemán volvió a. ganar de puro alemán.La fragilidad defensiva del Juventus fue lo más sorprendente del partido. Aunque su supremacía fue incuestionable durante 70 minutos, hasta el gol de Ricken, que cerró el encuentro porque los italianos entraron en el desánimo y apagaron las luces. Pero hasta entonces, La Juve dio mejor pinta. El Borussia apenas salió al otro lado. Pero su nivel de eficacia fue superior.

Antes de que Riedle anotara el primer gol, el Juventus había desperdiciado dos remates francos, uno de Vieri y un tiro de Zldane que golpeó el palo. En el arranque, el equipo italiano apretó de veras. Su dominio fue absoluto porque recuperó pronto la pelota, porque hizo un uso más equilibrado de ella y porque los alemanes no se animaban a poner a más de tres jugadores por delante de la línea del balón. El partido parecía destinado a la victoria de La Juve. Sin embargo, los alemanes, debajo de su fútbol vigoroso, cada vez más desprovisto de recursos técnicos, tienen una habilidad especial para hacer sangre a cualquiera.

Un centro sin especial veneno produjo el primer gol alemán. Riedle aprovechó el error defensivo para bajar la pelota y superar a Peruzzi en la salida. A la sorpresa del gol se añadió la conmoción de La Juve en el segundo, que llegó cinco minutos después. Fue un gol alemán -un cabezazo con decisión- e impropio de un equipo italiano. Así que demos mérito a Riedle, cuyo cabezazo tras el córner fue inapelable. Más áun, si Peruzzi defendía la jugada por detrás de la raya de la portería.

No le faltó carácter a La Juve, que entró en tromba en la segunda parte. Pero le sobró excitación. En la noria de cambios de posición, Ferrara se convirtió en lateral, Juliano -lateral izquierdo- pasó al centro de la defensa, Di Livio -interior derecha hasta entonces- se trasladó al lateral izquierdo, Jugovic viajó a la banda derecha y Del Piero entró por la punta izquierda. Su juego no mejoró en exceso, pero su empuje provocaba graves dificultades en la defensa alemana. Un tiro a la escuadra de Vieri y una excelente estirada de Klos vinieron a manifestar la situación de superioridad del equipo italiano, que se concretó en un gol espectacular de Del Piero.

Pero el gol no tuvo la incidencia prevista. Cuando La Juve se disponía a la ofensiva final, el Borussia finiquitó el partido en un contragolpe. Qué cosas: un contragolpe a un equipo italiano. Lo llevó Moller con un pase perfecto a Ricken, que firmó la victoria del Borussia de la mejor forma posible, con un gol formidable. Tiró una vaselina que dejó a Peruzzi de piedra. Todo lo demás del partido fue menor. El Borussia se tapó y aprovechó el estado de shock de los italianos para capear los últimos minutos. El Borussia había hecho su trabajo con la tradicional fiabilidad alemana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de mayo de 1997