Tribuna:EL QUIRÓFANO MIGUEL A. PANIAGUATribuna
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luzzolino desapareció

Defensa. La defensa, una vez más, fue clave en el desarrollo de una final. Este partido no fue una excepción. De salida, Obradovic colocó a Santos sobre Iuzzolino, el cerebro de Verona. Ismael frustró a la estrella italiana: el base veronés no existió en la primera parte (0 puntos y cuatro faltas). Desapareció, como quien dice. Se quedó, además, 19 puntos por debajo de sus promedios habituales. El Madrid trabajó muy bien sobre los jugadores exteriores italianos.Ritmo de partido. El tempo fue dominado siempre por el Madrid. Aceptable ejecución del ataque madridista: buscaron sus opciones con mucha paciencia y Pablo Laso estuvo particularmente preclaro en los momentos clave del partido. El Verona estuvo fuera de su ritmo y fuera de sus sistemas habituales.

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Los sistemas. El Verona demostró que vive y muere con el tiro de tres. Los italianos se enterraron en Nicosia con un desastroso 18% en triples. Sólo los rebotes ofensivos permitieron a este equipo mantenerse a flote con cierta dignidad. El Madrid usó bien la opción pick and roll (bloqueo y continuación) en ataque del eje Herreros-Arlauckas-Bodiroga, que fue el sustento ofensivo del Madrid.

Escenario. El pabellón fue gélido. Nada que ver con otras finales. La FIBA decidió llevar esta final a Nicosia, un país donde el baloncesto no es, ni mucho menos, mayoritario. Y sus secretario general, Boris Stankovic, estuvo ausente porque debía tener otros compromisos más importantes. Las gradas semivacías no son precisamente un buen reclamo. Suspenso para la FIBA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 15 de abril de 1997.

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