El Vaquilla no puede con su historia

El joven delincuente, recientemente indultado, fue detenido ayer cuando intentaba robar un coche

Juan José Moreno Cuenca no consigue dejar a El Vaquilla en el pasado. El delincuente más famoso de las últimas décadas sucumbió ayer a la fatal atracción de su identidad carcelaria y, cuando apenas llevaba 33 días en régimen abierto tras el indulto parcial concedido por el Gobierno, volvió a los telediarios como protagonista de un suceso que va a truncar de nuevo su camino hacia la libertad. En agosto vencía la condena de 20 años que le quedaba tras el indulto.Pasaban unos minutos de la una del mediodía cuando la Guardia Urbana de Barcelona recibió una llamada que daba cuenta de un accidente en la calle Villarroel. Cuando la patrulla llegó al lugar indicado, el coche, un Volkswagen Golf, estaba empotrado contra un árbol y un grupo de transeúntes retenía en su interior al ladrón. Era Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla. Ya no llevaba corbata ni camisa de seda, como cuando salió en su primer permiso. Tenía el pelo revuelto y barba de varios días.

Unos minutos antes había entrado en un aparcamiento, había cogido uno de los coches aparcados con las llaves puestas y había enfilado la salida. El vigilante había tratado de impedírselo y El Vaquilla le arrastró más de cien metros hasta que, en el forcejeo, el coche acabó contra un árbol. En la corta carrera no atropelló a nadie, pero el vigilante acabó lleno de magulladuras.

En la calle le esperaba una chica. No era su mujer, Isabel Faya, principal artífice del indulto. Era una tal Inés, toxicómana, y en el bolso llevaba una navaja. Hacía cuatro días que El Vaquilla había dejado la casa de Isabel Faya y unos cuantos más que había perdido el trabajo que un pequeño empresario de Girona le había proporcionado al salir de la cárcel. A principios de la próxima semana tenía que ingresar en la residencia de Can Ruti para seguir un tratamiento de desintoxicación intensiva porque, además de su pasado y su personalidad inmadura, Juan José Moreno Cuenca arrastra otra cadena, tan dura como el acero: la drogadicción. La heroína ha dejado en su cuerpo secuelas que sólo la ciencia podrá tal vez eliminar algún día. Pero mientras tanto, el primer objetivo de su reinserción era que dejara las drogas. El segundo, que dejara de ser El Vaquilla.

Sus educadores sabían que, para una personalidad tan voluble y necesitada de la mirada ajena, no iba a ser fácil encontrar el equilibrio en el anonimato. Pero tampoco la sociedad mediática ha colaborado. Al revés. "El Vaquilla ha sido víctima de su historia y de Nieves Herrero", decía ayer un responsable de prisiones. Porque El Vaquilla también está enganchado a la droga del protagonismo y, listo como es, conoce muy bien los resortes para salir en primera página. Esta clave de su personalidad es la que explica que acumulara más de 100 años, de condena, no por homicidios o grandes robos, sino por motines y fugas, siempre espectaculares. La única víctima de su historial es una mujer a la que atropelló tras quitarle el bolso de un tirón. Pero esa pena hace tiempo que la hubiera pagado. Moreno Cuenca ha acabado siendo víctima de su propia leyenda, que se inició cuando apenas tenía 10 años y fue detenido al volante de un coche robado que conducía sin llegar casi a los pedales. Se fugó tantas veces de los centros de menores que a los 13 años, contra todo reglamento, estaba ya en la cárcel Modelo de Barcelona con viejos maestros de la delincuencia. Allí se convirtió en toxicómano. Criado en los suburbios de Torre Baró y La Mina, con un padre abatido por las balas de la Guardia Civil, empezó a saborear la miel de la notoriedad cuando el director de cine José Antonio de la Loma decidió explicar su vida en la película Perros callejeros, que protagonizó su amigo El Torete porque él no pudo salir de la cárcel. De la Loma ha ejercido la tutela, pero ni esta ayuda ni la especial atención recibida por parte de los servicios penitenciarios han conseguido que siguiera los pasos de El Lute. A diferencia de éste, El Vaquilla no ha conseguido dejar de ser El Vaquilla.

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