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Berlusconi busca el aplazamiento de las elecciones hasta 1997

Todo parecía a punto para que Lamberto Dini, presidente dimisionarío del Gobierno italiano, recibiera del presidente de la República esta noche o mañana un nuevo mandato para sondear, a partir del lunes, la formación de un nuevo Gabinete presidido por él con un apoyo parlamentario más amplio que el precedente. Pero Silvio Berlusconi pidió ayer a Oscar Luigi Scalfaro, el jefe del Estado, que aplace esa decisión durante algunos días. "Una se mana más no cambia nada" de Claró Berlusconi, que aceptaría también el nombramiento de un explorador del consenso sobre las reformas. El camino del acuerdo, que Implicará un aplazamiento de las elecciones generales al menos hasta 1997, parece, pues, abierto, (lado que también Massimo D'Alema, secretario del Partido Democrático de la Izquierda (PDS), consideró que podrá ser alcanzado "en un plazo relativamente breve". Pero subsisten algunos obstáculos. El principal se llama Gianfranco Fini.

Nadie dudaba anoche de que Berlusconi pide tiempo suplementario, porque lo necesita para convencer al líder de Alianza Nacional (AN), su principal aliado. La tarea no le parece imposible. "Fini tiene necesidad de algo que sea presentable para los electores", comentó el máximo dirigente de Forza Italia (FI).

El pasado jueves, el líder de AN subió el tono de la polémica y el nivel de tensiones que sufre el centro derecha, porque la prensa informó de que Berlusconi y D'Alema habían llegado ya a un acuerdo. El líder de AN exige que el consenso sobre las reformas institucionales, que, según todos los partidos, debe ser previo a la definición de un nuevo Ejecutivo, incluya la elección directa del primer ministro.

"Forza Italia comparte ese objetivo, pero lo importante es que los poderes del Gobierno se refuercen", matiza Berlusconi. El debate se apoya tanto en la visión del futuro institucional de Italia como en la valoración de los sondeos electorales y de la situación política de cada partido y de cada líder.Profunda reestructuración

El de Forza Italia se encuentra inmerso en un proceso por corrupción y en una profunda reestructuración de la Fininvest, su grupo empresarial. No le convienen unas elecciones susceptibles de alterar su actual situación, ya que todavía es el de líder del Polo. Fini y AN viven, en cambio, una coyuntura opuesta.

Algunos sondeos dan ya al partido de Fini como el primer partido italiano, seguido del PDS. Pero ese avance tampoco debería representar un impulso definitivo al voto porque, debido a su pasado de extrema derecha, un Fini triunfante y líder del Polo podría resultar prematuro. Además, parece claro que, sin una reforma de la ley electoral, no saldrá de las urnas ninguna mayoría capaz de sostener un Gobierno.

Esto último lo sabe D'Alema quien se encuentra con que su proyecto de coalición de centro izquierda se está cayendo a pedazos, desde que la Liga Norte se lanzó por un camino autónomo. La aceptación del diálogo sobre las reformas ha provocado nuevas divisiones, incluso en el seno del PDS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de enero de 1996

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