Ir al contenido
_
_
_
_
GENTE

SU MAJESTAD LA LEY

El rey Carlos Gustavo de Suecia pudo comprobar en carne propia, no se sabe sí con orgullo o disgusto, que en su país el ser rey no da privilegios ante la ley. Esta comprobación fue consecuencia de un litigio que enfrentó a la Casa Real con una ciudadana sueca a propósito del alquiler de un inmueble de la corte. El inmueble, que no es lujoso pero está ubicado en un lugar privilegiado en las afueras de Estocolmo, había sido parcialmente reformado, lo que a juicio del representante real ampliaba su superficie de uso, por lo que debía aumentarse el alquiler. La inquilina se negó a ello argumentando que las reformas las había efectuado por su cuenta y que no influían mayormente en la superficie de la vivienda, por lo que consideraba improcedente el aumento del alquiler. Se quejó además de que en el inmueble había ratones y remitió el asunto a la Dirección de Control de Arrendamientos. Ésta dio la razón a la mujer y sugirió a las partes, un arreglo amistoso. La corte no fue del mismo parecer y apeló la decisión ante un tribunal de segunda instancia de Estocolmo. Éste desestimó la apelación real y confirmó la resolución de la dirección de alquileres.-

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_