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La imagen del ciclismo español sin Induráin

Comienza un Giro que se presume será un paseo militar de Tony Rominger

Hoy, en Perusa, el ciclismo español dará unas cuantas vueltas hacia adelante a su reloj. Hoy, comienzo del Giro, empezarán a valorarse como se merecen las dos victorias de Miguel Induráin en la carrera rosa. España presenta en, la línea de salida de la segunda prueba por etapas más importante cinco equipos (Mapei, Banesto, ONCE, Ke1me y CastelIblanch), 28 corredores y pocas aspiraciones. Tal como habría sido hace apenas cinco años, cuando una victoria en una gran etapa o en la montaña colmaba las esperanzas. A eso es a lo que aspiran los dos cabezas de cartel de lo que es el ciclismo español sin Induráin: Laudelino Cubino y Jesús Montoya: ocupar un puesto digno en una clasificación general que huele a un total dominio del suizo, Tony Rominger.Casi todas las esperanzas españolas estarán puestas en lo que puedan hacer dos veteranos. No sólo faltará Induráin a la prueba que le sirvió de preparación para ganar tres de sus cuatro, Tours. Tampoco estarán los jóvenes que luchan por ser sus herederos. Por diferentes razones faltarán dos que en todo caso trabajarían para Rominger, Fernando Escartín y Abraham Olano. También faltarán el lesionado Mikel Zarrabeitia y el jovencísimo Santiago Blanco.

Eso no quiere decir que al aficionado español, aparte de esperar el buen trabajo de Montoya o Cubino, no le quede una tarea interesante: intentar aprovechar que la falta de responsabilidades de equipo le permita descubrir el buen hacer de algunos corredores jóvenes más secretos, como el abulense del Banesto José Maria Jiménez o el asturiano del ONCE Marcelino García. Ambos debutan en una gran prueba por etapas, lo que les hará andar por el filo de la navaja: o se impone el miedo y la inexperiencia o sale a relucir su coraje y su desparpajo. Una oportunidad de oro para enfilar su carrera.

Tampoco tienen muchos motivos para alegrarse los italianos, dominadores del ciclismo mundial. Todos sus planes y estrategias se han quedado en agua de borrajas. Creían haber encontrado a un candidato para ganar una gran prueba por etapas (algo que no consiguen desde 1991) y Marco Pantani sufre un accidente. Se solazaban con la ausencia. de Induráin, pensando que se abriría la carrera a un duelo de jóvenes, y resulta que los problemas internos de su equipo mantienen a Berzin en baja forma. Luego se apunta Tony Rominger, de 34 años, y logra que todos los demás sólo hablen de intentar quedar segundos.

También a los organizadores, que ayer anunciaron que el Giro de 1996 partirá de Atenas (Grecia), les ha salido el tiro por la culata: el retraso de la Vuelta a septiembre no ha significado que los mejores se hayan apuntado a la carrera italiana, mas todo lo contrario. Los equipos han diseñado una temporada larga, con una primavera dedicada a las clásicas, un verano centrado en el Tour y un otoño dividido entre la Vuelta y el Mundial. El Giro, que está en el gozne, se queda a verlas venir y sin los grandes animadores del inicio del año y de 1994: Induráin, Bugno, Jalabert, Ballerini, Bortolami, Gianetti, Zülle, Leblanc, Museeuw y Virenque.

Objetivo, Rominger

Así que de los 22 equipos, de los 198 corredores participantes, habrá que quedarse con Rominger y el letón Piotr Ugrumov. El suizo está que se sale. Ha dicho a los cuatro vientos que nunca había estado en mejor forma y se relame mirando los mapas del recorrido: cinco finales en alto (cuatro de ellos en la última semana), 104 kilómetros contrarreloj y un equipo, el Mapei, plagado de españoles (Peña, Arsenio González, Mauleón y Unzaga), que responde en llano y en montaña.,

Ugrumov señala que no está Induráin, el hombre que le impidió ganar en 1993 y que la lucha interna dentro del Gewiss ha acabado con la derrota de Berzin, el hombre para quien tuvo que trabajar el año pasado. Reservado y misterioso, el veterano letón cree que como ésta no tendrá ninguna otra oportunidad de apuntarse un gran triunfo. Su intención, hurgar en las contradicciones de Rominger: su forma de correr, su ansia de ganarlo todo, le hará difícil lograr la amistad de los equipos que sólo corren buscando triunfos menores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de mayo de 1995