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Reportaje:CICLISMO

Un salto de 9,02 Metros

La mítica barrera de los 60 kilómetros por hora no parece imposible en un futuro próximo

La historia del récord de la hora es un recorrido hecho a base de tirones separados por años de vacío. Cuando un gran campeón de la carretera -Coppi, Anquetil, Merckx- lo lograba ponía una piedra más en el edificio del mito. El temor invadía a sus sucesores. ¿Cómo, si no, explicar, la negativa de los Hinault, Fignon y hasta Roche, a encerrarse en un velódromo durante una hora? La década de los 80 estuvo dominada por las repercusiones de la nueva magia, del nuevo enfoque, inaugurada por Francesco Moser en 1984. Fue como el descubrimiento de un grial ante el que todos se arrodillaban con reverencia sin valor para intentar tocarlo. Y fue un iconoclasta, el desconocido escocés Graeme Obree, quien osó, quien se atrevió a decir que el rey estaba desnudo. Bajo el influjo de su acción el récord de la hora ha entrado en una nueva edad de oro, una borrachera de marcas que parece interminable y levanta la gran pregunta: ¿hasta dónde?¿Tiene algún límite el progreso? ¿estaban tan vírgenes las aplicaciones de los avances en los estudios de fisiología, en la revolución material?, ¿puede cruzarse la frontera de los 60 kilómetros por hora? "Cuando Moser hizo 51,151 kilómetros en 1984 y me preguntaron yo dije que era imposible alcanzar los 55 kilómetros en un futuro próximo", dice Michele Ferrari, el entrenador italiano de Rominger, la persona que más veces ha participado en tentativas de récord. "Y 10 años después ahí estamos. Ha bastado con la invención del manillar de triatleta para que todo haya cambiado. Así que no puedo decir que no se puedan alcanzar pronto los 60 kilómetros. El futuro y la investigación no tienen límites que conozcamos". El único límite del que hablan los expertos es la longitud de los velódromos. "En uno de 250 metros, como el de Burdeos, no se puede ir más deprisa", explica Ferrari. "El ideal sería de 400 metros".

Las mejoras en los materiales se pueden resumir en un número: 9,02, los metros que avanzó por pedalada Rominger el sábado, cuando logró 55,291 kilómetros. En realidad todo el truco del récord es lograr convertir la potencia del corredor en velocidad. No siempre el más fuerte -Induráin- corre más. Y en eso influyen multitud de factores. Cuando Fausto Coppi logró 45,848 kilómetros en 1942 dio prácticamente el mismo número de pedaladas -60 más- que Rominger el sábado pasado. Claro que el italiano sólo podía avanzar 7,40 metros por pedalada: mover un desarrollo superior a la misma velocidad era imposible entonces, aunque Coppi podía disponer de tanta potencia entonces como Rominger ahora: la mayor parte de sus fuerzas se fueron en intentar mover un armatoste pesado y en vencer la resistencia del aire.

Cuando Eddy Merckx se fue a México en 1972 abrió una nueva vía: ya que no se sabía cómo colocarse más aerodinámicamente en la bicicleta, la solución más sencilla fue irse a la altura, donde la resistencia del aire es menor. En los dos kilómetros más que hizo Moser en 1984 influyeron tanto la altura como el hallazgo de una posición más aerodinámica y la invención de la rueda lenticular. Obree dio un paso más, aunque prohibido con posterioridad, que abrió muchos ojos: correr casi tumbado, en una posición que le permitió utilizar el mayor desarrollo de la historia, unos descomunales 9,25 metros, aunque sólo lo pudo mover a una cadencia de 95 pedaladas por minuto; Christopher Boardman fue el primero en aprovecharse del manillar de triatleta. Y por ese camino se han metido los dos mejores.

"Induráin vale más de 53 kilómetros", dice Ferrari, "pero no se si vale más de 55. En su récord tuvo un grave error: hacerlo justo un mes después de terminar el Tour. La urgencia le mató".

Pero serán sus jóvenes herederos los que se den el placer de cruzar la línea de los 60. Corredores que tendrán que tener un poco de paciencia. "La edad es un factor fundamental", añade Ferrari. "El corredor que quiera probarse contra la hora deberá conocerse perfectamente, saber analizar todas las respuestas de su cuerpo. Es decir: ser maduro y experto. Y Berzin, el corredor que puede ser el más rápido, no lo podrá intentar hasta dentro de cuatro o cinco años".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 1994