El Pontífice y el pacto social
Caído el muro de Berlín, Juan Pablo II ha concentrado sus críticas sociales contra el capitalismo salvaje. Ha de tener rostro humano, ha dicho repetidamente. La economía de mercado ha de regularse, el Estado debe intervenir sobre ella como agente corrector de las desigualdades, sostiene. Un discurso similar al realizado durante la pasada campaña electoral por Izquierda Unida. Ha de ser una "economía con mercado, no de mercado", fue pregonando Julio Anguita.Pues, bien, el Papa polaco ha vuelto a retomar durante las dos últímas, jornadas el problema del paro, preocupante para el Pontífice porque, entre otras cuestiones, destroza a las familias. Ayer, en el atardecer de las Marismas junto a la Vírgen del Rocío, y ante decenas de miles de romeros, dijo haber pedido a la virgen María fuerza para que "Andalucía entera y la noble Nación Española" sepan superar dificultades como "la pobreza, la terrible plaga del paro, la falta de solidaridad y los vicios de la sociedad consumista en el que se olvida el sentido de Dios y la caridad auténtica".
Tres millones de parados en España y una nueva legislatura que comienza con el deseo expreso del socialista Felipe Gónzalez, presidente en funciones y cabeza de la lista más votada, de cerrar un pacto social para superar la crisis económica. Juan Pablo II echó, indirectamente, una manita a González el pasado domingo. Hay que sumar esfuerzos para afrontar los retos a los que se enfrenta España, dijo Wojtyla antes de exhortar a "trabajadores y empresarios" a la "solidaridad efectiva: haced todo lo que esté en vuestras manos para luchar contra la pobreza y el paro, humanizando las relaciones laborales y poniendo siempre a la persona humana, su dignidad y derechos, por encima de los egoísmos e intereses de grupo".


























































