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Delia Fiallo, autora de 'Cristal', afirma que para escribir un culebrón hay que sufrir

San Lorenzo del Escorial

En el pérfil psicológico de los personajes está su credibilidad. El amor, la aventura, las emociones con que están amasados, los culebrones son universales, y el escritor sólo tiene que ser honesto y sufrir, llorar y reír con sus personajes. Ése es aparentemente el secreto del éxito de las telenovelas que escriben en Venezuela, el paraíso de los culebrones. Todos piensan que la autora de la serie Cristal, Delia Fiallo, una de las pioneras del género, es venezolana. Lo que desconocen, como ocurre en Espafia, es que esta guionista, de padre médico y de madre enfermera, se afincó en Miami (Estados Unidos) después de exiliarse de Cuba, su país de origen, y que fue llamada por la televisión de ese país para producir en imágenes lo que ya ha bía hecho en La Habana desde 1949: "Escribir novelas radiofónicas". Delia, que llegó a Miami en 1966, se define como "una escritora cubana que vive en Miami y que escribe novela venezolana".Delia Fiallo ha estado durante estos días en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) para intentar explicar el fenómeno social al que ha llegado la telenovela: "unos 200 millones de personas en todo el mundo siguen en este momento una de estas series". Fiallo asegura que "el éxito del culebrón, la penetración tan grande que tiene, se debe a los instrumentos que utiliza, que son las emociones, común denominador de todos los seres humanos de todas partes de todos los países".

Para escribir un buen culebrón hay que hacer sufrir, llorar y reír. El escritor, además de ser honesto, "tiene que sufrir, tiene que llorar y tiene que reír". El culebrón traza una trama que nace en un conflicto social. Para que triunfe, para que llegue a los cientos de millones de personas que siguen los culebrones, la trama debe de apoyarse "en algunos de los muchos problemas que sacuden a nuestra sociedad", dijo en el transcurso de una conferencia titulada Técnica, intuición y emoción en la creación literaria, que se ha impartido en los cursos de verano de la Universidad Complutense.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de agosto de 1992