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Un ataque de Chioccioli reactivó el Giro

Franco Chioccioli no desea una despedida efímera y ayer endureció a conciencia una jornada de transición. Separado a seis minutos del liderato tras la etapa del Terminillo, el ex vencedor del Giro se comportó como un campeón herido. Echó el resto en los últimos 50 kilómetros, que los trabajó como si se tratara de una contrarreloj, y obtuvo una ventaja que le permite reaparecer entre los notables. Su acción parece haber tenido trascendencia y ha despertado a sus rivales. "Chioccioli ha revolucionado el Giro", dijo el norteamericano Hamspten, "porque Induráin comienza a sufrir".

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El ataque de Chioccioli tuvo más repercusión psicológica que práctica. A pesar de la reducción de tiempo, Chioccioli no es el corredor que más pueda preocupar al líder. Situado cerca de tres minutos y medio de la maglia rosa está lejos de ser una amenaza inminente. Sin embargo, fue la primera ocasión en la que Induráin se encontró aislado y su equipo no tuvo demasiada capacidad para abortar la escapada. Hay que tener en cuenta que Chioccioli, acompañado por sus compatriotas Pagnin y Lietti, no recibió apenas un relevo, por lo que ha de considerarse que el equipo Banesto persiguió durante muchos kilómetros a un solo corredor y no pudo reducir drásticamente su ventaja. "Lo que hoy se ha demostrado", manifestó el propio Chioccioli, "es que el Banesto no es un superequipo. Si así hubiera sido, Induráin y yo habríamos llegado a la meta al mismo tiempo".La actuación de Chioccioli sirvió de estímulo a todos los adversarios de Induráin, aparentemente convencidos hasta ayer de que el líder es inabordable. Todos debieron sacar sus consecuencias: en un terreno irregular, desprovisto de otra colaboración, el Banesto fracasó en la caza de Chioccioli. "He demostrado también", dijo el hombre de la jornada, "que Induráin es atacable y que hay que hacerlo en un terreno como éste y por sorpresa. Es un corredor muy potente en la montaña y ahí está sobre aviso". Chioccioli advirtió que sus opciones para ganar la prueba vuelven a estar abiertas. "Mi problema en el Terminillo fue de piernas, no de cabeza".

Los restantes favoritos analizaron con satisfacción el resultado de la etapa. Habían visto trabajar a Induráin durante 50 kilómetros sin mayor resultado que reducir en un minuto una diferencia que llegó a ser de 3.30 minutos. Nuevamente, la media montaña demostró su valor; estas etapas de continuas subidas y bajadas terminan teniendo mayor trascendencia que algunas grandes cumbres. Tanto el esfuerzo de Philipot como de Armand de las Cuevas se demostró impotente para reducir la resistencia de Chioccioli. De hecho, Induráin hubo de cooperar en cabeza, a la vista de que su equipo amenazaba con llegar al agotamiento. Rivales como Chiapucci, Giovanetti o Hampsten decidieron no intervenir; en definitiva, veían en Chioccioli no un enemigo sino un aliado inesperado.

La jornada fue doblemente negativa para el Banesto, que perdió el concurso de Rubén Gorospe, al sufrir una caída. Gorospe fue ingresado en un hospital con posible fractura de varias costillas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de junio de 1992

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