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El Madrid le arrebató la Liga al Atlético

Alex Martínez Roig

Un derby es un partido fuera de programa. Quien quiera ver buen fútbol, no lo encontrará. Pero cuando sale uno agitado, como el de ayer, la emoción que transmite es insuperable. El Atlético llegó a ser líder del campeonato, pero lo perdió. El Madrid se dio un paseo por los infiernos, pero acabó en los altares.

Durante 28 minutos (14 en la primera parte y otros 14 en la segunda) el Atlético de Madrid tuvo la Liga ganada. Fue incapaz de conservarla. El Real Madrid se la arrebató y remontó por dos veces un resultado adverso. Y, curiosamente, el desenlace estuvo provocado por la respuesta anti-natura de los dos equipos. El Atlético del fútbol-control, pasó a mejor vida cuando más cerca estaba del cielo. El Madrid cobarde y reservón se convirtió en agresivo y valiente cuando se encontró con el precipicio bajo sus pies. Sería muy torpe el Madrid si ahora no ganase la Liga. Sólo necesita cuatro de los seis puntos que restan para alcanzar un título que al Atlético se le escapó de su zurrón.

El fracaso del Atlético estuvo en que fue incapaz de mantener personalidad cuando, más lo necesitaba. Llegaba al Bernabéu como un equipo muy compacto su mentalidad defensiva, capaz de mantener el control del tempo del partido con ventaja en el marcador. Pero ayer falló precisamente en eso. Tuvo dos ventajas para apuntillar al Madrid, pero no las supo administrar. Apenas robó balones durante los 90 minutos, y el centro de su defensa se convirtió en un flan con botas cuando tuvo que frenar las acometidas del Madrid.

El gol de Aguilera (1-2, m. 55) marcó el principio del final del sueño del Atlético. Hasta entonces, el Madrid controlaba el balón, pero no sabía qué hacer con él. Ese fue el punto de inflexión del partido. Leo Beenhakker no tuvo más remedio que olvidar su natulareza conservadora y apostó a todo o nada. Recurrió a Alfonso y plantó a tres delanteros en el campo. El coraje del resto del equipo, acorralado en la miseria, hizo el resto. La defensa del Atlético saltó hecha añicos.

Ni siquiera Futre pudo solucionar la catástrofe atlética. Su comienzo fue espectacular. Su primera escapada acabó en gol. A partir de entonces, desequilibró completamente el marcaje zonal que le había preparado Beenhakker. Cuando Futre cogía el balón, el Bernabéu callaba con un silencio aterrado. Y Futre caracoleaba entre defensas lívidos. Dicen que los viejos remedios son los mejores para las enfermedades. Y ayer se confirmó. Beenhakker cambió el marcaje y colocó a Chendo sobre Futre. El portugués desapareció.

Luis Aragonés esperaba eso para lanzar su golpe ganador. Futre tenía que arrastrar a Chendo para dejar libre el lateral. Pero a Luis le fallaron los planes. Ni Schuster ni Vizcaíno estuvieron ayer a su altura habitual como lanzadores, y quien encontró ese carril, Soler, fue incapaz de aprovecharlo.

El partido estuvo repleto de héroes y villanos. Entre los primeros, además de Futre, estuvo Luis Enrique, un jugador vehemente en exceso, pero que ayer fue clave en su equipo. Entre los segundos, Schuster, que acusó la presión. O Villarroya, que pide a gritos que le pongan una pista de atletismo en el lateral para de mostrar que corre mucho, aunque no toque bien el balón.

Y para que el derby fuese completo, no faltó la polémica arbitral. Urío Velázquez comenzó tan duro que luego tuvo que poner la marcha atrás. Le perdonó la expulsión a López, un jo ven que se ha ganado el apelativo de Super López por sus grandes facultades, pero que pega patadas tan descaradamente que recuerda al histórico Griffa. Urío, además, dejó espacio para la polémica por dos presuntos penaltis en el área del Madrid (uno a Futre y otro a Sabas), por un tercero en la del Atlético (a Alfonso), y por un fuera de juego inexistente que señaló a Hagi cuando ya la grada cantaba el gol. Claro que la enfermedad del fuera de juego es tan crónica que da pie a pensar que la Liga española está adulterada por los señores de las banderas.

Pero todos estos errores no van a cambiar las cosas. El Atlético puede sentirse especialmente frustrado por sus derrota. Nadie, excepto Luis Aragonés, creía en serio que podía ganar este año la Liga. Y cuando ha sucedido, la presión ha podido con el equipo. Todo lo contrario le ocurrió al Madrid. Tenía la Liga tan ganada que sólo reaccionó cuando veía cómo se le escapaba.

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Sobre la firma

Alex Martínez Roig
Es de Barcelona, donde comenzó en el periodismo en 'El Periódico' y en Radio Barcelona. En EL PAÍS ha sido redactor jefe de Deportes, creador de Tentaciones, subdirector de EPS y profesor de la Escuela. Ha dirigido los contenidos de Canal + y Movistar +. Es presidente no ejecutivo de Morena Films y asesora a Penguin Random House.

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